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Crucifijos y escuelas públicas

 

 

Bueno, a mí en clase de religión me hablaban de Feuerbach...

 

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 Es signo de libertad

 

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        A mí me sucede lo mismo que al Papa de Roma: no soy relativista. De ahí que considere que la explicación del mundo que ofrece la religión tiene mucho menos valor que la que ofrece la ciencia. Esta conclusión no es en absoluto sofisticada, y está al alcance de cualquiera capaz de reconocer lo que ha aprendido rezando y lo que ha aprendido fijándose*. A diferencia de las personas religiosas yo estoy siempre dispuesto a revisar mis convicciones; y las revisaré en cuanto un avión logre elevarse mediante el rezo y excluyendo la aplicación simultánea de determinadas fórmulas matemáticas. Hasta tal punto no soy relativista que considero que el cristianismo es superior a cualquiera otra variante de la religión o la superstición. Por cierto: que tengo que distinguir entre una y otra obligado por el diccionario de la Real Academia, tan escandalosamente relativista que define la superstición como “Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón” (como si razón y fe fueran dos paradigmas en igualdad de condiciones, frente a los que la superstición se define) y que en su segunda acepción, la de “fe desmedida” (gracioso pleonasmo), tiene la caradura de proponer el ejemplo “Superstición de la Ciencia”.

Es obvio para cualquiera dotado de ¡buena fe! que el espacio público de las democracias no es la suma de las creencias de sus individuos, sino el resultado de su ausencia. Algunos derechos elementales del hombre, como el derecho a la salud y a la educación, se gestionan ahí. El espacio público, además, no sólo es el que se gestiona con dinero público. Cualquier colegio es un lugar sujeto al consenso social: y su expresión es la inevitable homologación de las titulaciones: la sociedad exige pilotos que no suban los aviones con avemarías*. Ningún colegio (privado o público) puede organizar su proyecto en torno a los paradigmas de que Cartago venció a Roma o que dos y dos depende. Del mismo modo es incomprensible que la religión sea una asignatura cuyo máximo objetivo pedagógico es oponer el Arca de Noé a Darwin. Estoy de acuerdo con los teístas más apasionados: la fe sólo puede sentirse, no enseñarse.

La ministra de Educación declaró anteayer que cada colegio puede hacer lo que le parezca con los crucifijos. Que depende del público. También en el sistema de convicciones socialista la verdad es un cálculo de probabilidades. Sólo que electorales.

(Coda: «¿Está el lado oscuro hablándonos? Una concatenación de sorprendentes resultados de la sopa de letras de los satélites y de experimentos diversos ha dado lugar a que un número creicente de astrónomos y físicos sospechen que están llegando señales de la materia oscura, que alcanza un cuarto del Universo y que hasta ahora ha eludido la detección.» Herald Tribune, 25 de noviembre.)

 

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* Mira que ere’ malo.

 

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