o->
Disappear
Michael Jackson
Astor Piazzolla
Más o menos.
Eric Clapton
Gheorghe Zamfir
Ennio Morricone
...
Arvo Part
Nick Cave
Javier Marías
Gustavo Bueno
Juan Eduardo Cirlot
A Mitra
Dios con siete collares planetarios,
con mujeres de piedra y pensamiento,
con aullidos de cal en movimiento
con relieves y rojos santuarios.
Hasta las altas llamas son sudarios
ante tu desgarrado monumento
en el que sólo canta un elemento:
el amor que desfonda los sagrarios.
Bestia llena de flores y granates
halo de rosas roncas de rumores,
esposo repartido en el abismo…
Hablo de los pacíficos combates,
de los ciclos de música y colores.
Por las montañas hablo de mí mismo.
Constantino Kavafis
Voces
Amadas, idealizadas voces
de aquellos que murieron, o de aquellos
perdidos para nosotros como los muertos.
A veces hablan en nuestros sueños;
a veces las oye nuestro espíritu en el pensamiento.
Y con su rumor por un instante regresan
ecos de la primera poesía de nuestra vida
como una música lejana que se apaga en la noche.
Arnaldo Otegui
Fernando Ramírez Suárez
El poema de los hijos
No es exacto decir que
“hombro a hombro
trenzamos el poema de los hijos”.
No es exacto, mujer, porque tú fuiste
rueca, madeja e hilo; fuiste todo,
mientras yo apenas
palpaba con mis dedos
la calidad del paño, tu obra.
Antes, mujer, pasaron siete inviernos
de esperanzas baldías, amasadas
con lágrimas y sal.
Siete años largos
hasta que se hizo la luz, la primavera.
Y tus brazos, entonces, cuna fueron;
tu regazo, amorosa calidez;
tus senos, el venero de las aguas
más vívidas, más frescas,
donde aquellos dos brotes
echaron sus primeras ramas.
Así fuiste trenzando poco a poco
los versos de la estrofa inicial
del poema de los hijos.
Ahora, cuando anclamos en octubre,
cuando anuncian otoño nuestras vidas,
a madurar comienzan sus destinos,
a arrancarse de nuestro árbol
/>como caen las hojas y las flores
tan prontas a volar como hadas.
Ellos son el futuro, el fruto último
de un árbol cuyas hojas somos;
también son el comienzo de otros
inéditos poemas.
¡Tú: mi asiento!
Tranquilo azul de nuestra soledad.
*
Matar a la muerte
Tenemos enlodados los zapatos
y vestimos de smoking la mentira
procurando pisar sobre bien seco.
Quizás nos ufanamos con embustes
y cantamos el mar pomposamente.
Mas sólo hemos cruzado sobre el agua
sin mojarnos de sal las zapatillas,
gastando ocios en nuestros camarotes
con oros, copas, humos y quimeras.
La auténtica belleza submarina
hay que verla debajo de las olas
con los ojos abiertos a las sales
y los pies descalzos sobre el limo.
Yo creo que no hay milagro más hermoso
que un hombre que se rehace de su cieno;
o las algas y conchas que reviven
del lodo que se hundió en su propia sima.
Tal vez no saludamos a los muertos
porque no comprobamos si están vivos,
o si el agua divina de sus fosos
el milagro del cieno ha repetido.
Quizás mataron ya su propia muerte.
Victor Erice
Chema Madoz
Denise Levertov
CITY PSALM
The killings continue, each second
pain and misfortune extend themselves
in the genetic chain, injustice is done knowingly,and the air
bears the dust of decayed hopes,
yet breathing those fumes,
walking the thronged
pavements among crippled lives, jackhammers
raging, a parking lot painfully agleam
in the May sun, I have seen
not behind but within, within the
dull grief, blown grit, hideous
concrete facades, another grief, a gleam
as of dew, an abode of mercy,
have heard not behind but within noise a humming that drifted into a quiet smile.
Nothing was changed, all was revealed otherwise;
not that horror was not, not that the killings did
not continue,not that I thought there was to be no more despair,
but that as if transparent all disclosed
an otherness that was blessed, that was bliss.
I saw Paradise in the dust of the street.
Eduard Punset
Desengañémonos: Punset hablará de ciencia y todo lo que tú quieras, pero lo hace con aires de brujo.
A título informativo.
Un problema difícil
La primera cuestión es el dualismo. Se trata de una idea muy popular. Hace un tiempo la revista Edge convocó a su famosa pregunta con el clarín: «¿Cuál es tu idea peligrosa?» Si hubieran preguntado por la idea (falsa, digo yo) más incrustada en el hombre la respuesta habría de ser el dualismo cartesiano, es decir, la existencia de dos entidades separadas (mente y cuerpo). Uno de los rasgos fascinantes de la conversación de Blackmore es observar cómo el dualismo reaparece en el mismo corazón de los científicos. Por ejemplo en las posturas que mantienen David Chalmersy el matrimonio Churchland. El primero dice que, aun en la hipótesis de que todas las funciones cerebrales queden algún día descritas, aún habrá algo que explicar; y ese algo es la conciencia, es decir la experiencia subjetiva del rojo, del dolor o del olor del café. Los Churchland lo niegan con ademán enérgico: la conciencia sólo ES esos procesos cerebrales y cuando queden aclarados el llamado «problema difícil» —exitoso copyright de Chalmers que alude a la dificultad de entender cómo tejidos cerebrales (objetivos) dan lugar a experiencias (subjetivas)— quedará aclarado también. Ya sabes que mi furioso materialismo, tan matrimonial por otra parte, está con los Churchland; pero aun tratando de ser imparcial lo cierto es que resulta fácil advertir en el discurso de Chalmer la vieja creencia de que debe-haber-algo-más. De ese dualismo más o menos enmascarado se deriva también una grave consecuencia epistemológica: Chalmer insinúa que «el problema difícil» no podrá resolverse jamás. Pat Churchland encuentra ridículo ese pesimismo. La inteligente e intensa señora Churchland, que no tiene apego a declarar que prefiere navegar en bote por los rápidos que ir a un museo.
El segundo problema emergente es el libre albedrío, es decir, la capacidad de los hombres para decidir sus acciones. Si eso existe o no. Una gran mayoría de los conversadores opina que no existe y que todas las decisiones humanas están determinadas por sucesos biológicos y culturales (genes y memes) que vienen de atrás. Pero, llamativamente, todos ellos dicen vivir como si la libre elección existiera, porque un mundo sin la ilusión de la decisión les parece insoportable, moral y estéticamente. Sobresale la respuesta del físico Kevin O’Regan, un tipo realmente interesante especializado en los fenómenos de la percepción.
Sue: ¿Crees que tienes libre albedrío?
Kevin: Sí, como todo el mundo. Incluso los robots creen que tienen libre albedrío, aunque no lo tengan
http://www.arcadiespada.es/2010/03/27/27-de-marzo-2/
*
[¡El Notario!]
Estimado señor Espada:
Sobre el libre albedrío.
La tesis que considera que las decisiones humanas están determinadas (determinismo) pero que, pese a ello, realmente nos sentimos agentes libres se denominacompatibilismo.
El determinismo es la doctrina que entiende que cada evento, acción o elección, es el efecto o consecuencia de una previa cadena causal. La secuencia causal se retrotrae en cada caso tanto como sea preciso, y cada evento integrante de dicha serie es un efecto necesario, no meramente probable, de todo lo que antecede.
Tal afirmación es coherente con el hecho de que yo no soy una parte especial de la Naturaleza, sino que inexorablemente formo parte de su flujo causal que va del pasado hacia el futuro.
Tal determinismo es compatible con la innegable sensación subjetiva de libertad que experimentamos continuamente, ya que una y otra vez sentimos que decidimos una cosa (por ejemplo, escribir estas líneas) en lugar de otra (no hacerlo.)
De modo que estoy enjaulado por el determinismo. Ahora bien, la jaula en la que me encuentro se mueve conmigo cada vez que lo deseo (así lo siento cada vez que tomo una decisión.) Por tanto, quizás no tenga sentido hablar de jaula alguna. O posiblemente yo sea una marioneta, pero los hilos que me manejan son tan enormemente largos que no alcanzo a ver como es tal manejo, por lo que olvido o ignoro la existencia de tales hilos (por cierto, no hay divinidad: nadie maneja los hilos.)
No es extraño que la mayoría de los autores entrevistados en el libro de Blackmore sigan la línea compatibilista, ya que es mayoritariamente dominante en la doctrina. Yo la siento paradójica, pero simultáneamente la intuyo cierta.
[Ideas tomadas del excelente The Latest Answers to the Oldest Questions, de Nicholas Fearn.]
Un saludo,
José-María Navarro Viñuales, desde su jaula.