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Nunca sonrío si puedo evitarlo. Mostrar los dientes es señal de sumisión entre los primates. Así que cuando alguien me sonríe, todo lo que veo es a un chimpancé suplicando por su vida.
-Dwight Schrute

Cosas que me dan horror: los libros de lujo, el tuteo, la poligamia ejercida simultáneamente, los paisajes sin árboles, los vinos espumosos (incluido el champán francés), los poetas de los Juegos Florales, el patriotismo local, la franqueza, los japoneses, los curas bien vestidos, los pederastas artísticos (en cambio, siento una gran admiración por los pederastas modestos), las señoritas inexpertas, la virtud, los sargentos, los hombres llorones, el sentimentalismo, los mauristas, los cornudos dialécticos e iracundos, etc.
Josep Pla. Notas dispersas.
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Joder, joder, joder. --Arturo Fdez.
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Deíxis en fantasma. Anagnórisis. Chivo expiatorio. Dipsómano. Ver sacrum. Engagez vous. Pange lingua.
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El jardín
Como un ovillo de hebras de seda estampado contra una pared
ella bordea la tapia de un sendero en los jardines de Kensington
y se va muriendo poco a poco
de una especie de anemia emocional.
Y por allí se pasea una chusma
de hijos de la miseria, inmundos, vigorosos, inextinguibles.
Ellos heredarán la tierra.
Ella es el final de la estirpe.
Su aburrimiento es exquisito y excesivo.
Le gustaría que alguien fuese a hablarle,
y casi tiene miedo de que yo
cometa esa indiscreción.
A la vista del laberinto, de mañana.
Sol ya alto y duro, contra la curva pared
como de tiza.
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"Aflorar" viene de flor de fango, que es la plantación tipo del capitalismo y una botánica que no puede desconocer el periódico
No tengo la menor idea de si el afloramiento de los 54.207 millones en billetes de 500 euros es el arma secreta de la economía española, como asegura hoy el periódico.
Pero si es arma secreta no lo será de la economía, sino de la política. Conceder indulto, amnistías y beneficios penitenciarios es, siempre, un asunto de la política, aunque los beneficiarios sean banqueros o terroristas. La política es, por ejemplo, es la que diseña ese tipo de operación rescate de la liquidez perdida por los bancos. Hay otros sistemas para lograr ese afloramiento, desde luego. La política podría declarar de curso ilegal los billetes de 500 euros y dar un plazo para cambiarlos. ¡Iban a aflorar! A estas alturas del párrafo mi escepticismo sobre la eficacia de la propuesta es ya notable. Pero la emergencia de esa llamativa ingeniería de resolución de la crisis tiene al menos una virtud, que es la de situar los problemas económicos donde les corresponde, que es en el corazón de la política, peligrosamente cerca de la moral. Y como tantas otras veces reclaman mi piedad los argumentos socialdemócratas: esa amnistía fiscal (¡una discriminación positiva al cabo!) no les parece justa. Naturalmente. ¡Y a quién puede parecérsela! El pequeño matiz es que nadie está hablando de justicia. ¿Es que los socialdemócratas mencionaron la justicia cuando se pusieron a hablar con asesinos para ver si podían dejar las armas a cambio de amnistía? Sí, de amnistía, ¡otra discriminación positiva! Hacer política supone con frecuencia la gestión del chantaje de los particulares, en aras (como sagradamente se dice) del bien común. Acaso la experiencia de las crisis cíclicas capitalistas muestre que el sistema necesita cada tanto socializar las pérdidas, que es como se llamaba en mi infancia (perdonadme: fue una infancia del INI) a las nacionalizaciones. Injusto, desde luego, inmoral. Como la democracia. Esto de que mi voto valga como el del lector. Observo que el comprensivo relativismo sobre la democracia no se extiende al funcionamiento del capitalismo. Este no puede ser el menos malo de los sistemas ni acoplar la injusticia como lubricante.
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*Coda a mi cargo:
Si consideramos lo que puede verse:
motores que nos vuelven locos,
amantes que acaban odiándose,
ese pescado que en el mercado
mira fijamente hacia arriba adentrándose en nuestras mentes,
flores podridas, moscas atrapadas en telarañas,
motines, rugidos de leones enjaulados,
payasos enamorados de billetes,
naciones que trasladan a la gente como peones de ajedrez,
ladrones a la luz del día con maravillosas
esposas y vinos por la noche,
las cárceles atestadas,
el tópico de los parados,
hierba moribunda, fuegos insignificantes,
hombres suficientemente viejos como para amar la tumba.
estas y otras cosas
demuestran que la vida gira sobre un eje podrido.
pero nos han dejado un poco de música
y un póster clavado en el rincón
un vaso de whisky, una corbata azul
un delgado volumen de poemas de Rimbaud,
un caballo que corre como si el diablo le estuviera
retorciendo la cola
sobre la hierba azul y el griterío
y después, de nuevo, el amor
como un coche que dobla la esquina
puntual,
la ciudad a la espera
el vino y las flores
el agua corriendo a través del lago
y verano e invierno y verano y verano
y de nuevo invierno

Nevermind.

*
Su padre, que era librepensador, como todos los señores de su época, lo había instruido en la doctrina de Herbert Spencer, pero su madre, antes de un viaje a Montevideo, le pidió que todas las noches rezara el Padrenuestro e hiciera la señal de la cruz.
Navegar es preciso; vivir no es preciso
*
ya comprendo la verdad
estalla en mis deseos
y en mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios
ya comprendo la verdad
ahora
a buscar la vida
—Play it, Sam.
—Decime... Sinceramente. De vos a quien yo no conozco a mí a quien no conocés. Literatura, filosofía y necedades aparte... Cuando te despertás, por las tardes o mañanas, ¿te gusta lo que ves?

Fue escrito con una dificultad temible,
que es el inmenso aburrimiento de uno mismo.
Señoras, señores:
En el decurso de mis muchas, de mis demasiadas conferencias, he observado que se prefiere lo personal a lo general, lo concreto a lo abstracto.
Por consiguiente, empezaré refiriéndome a mi modesta ceguera personal.
Modesta, en primer término, porque es ceguera total de un ojo, parcial del otro. Todavía puedo descifrar algunos colores, todavía puedo descifrar el verde y el azul. Hay un color que no me ha sido infiel, el color amarillo. Recuerdo que de chico (si mi hermana está aquí lo recordará también) me demoraba ante unas jaulas del jardín zoológico de Palermo y eran precisamente la jaula del tigre y la del leopardo. Me demoraba ante el oro y el negro del tigre; aún ahora, el amarillo sigue acompañándome. He escrito un poema que se titula “El oro de los tigres” en que me refiero a esa amistad.
Quiero pasar a un hecho que suele ignorarse y que no sé si es de aplicación general. La gente se imagina al ciego encerrado en un mundo negro. Hay un verso de Shakespeare que justificaría esa opinión: “Looking on darkness which the blind do see”; “mirando la oscuridad que ven los ciegos”. Si entendemos negrura por oscuridad, el verso de Shakespeare es falso.
Uno de los colores que los ciegos (o en todo caso este ciego) extrañan es el negro; otro, el rojo. “Le rouge et le noir” son los colores que nos faltan. A mí, que tenía la costumbre de dormir en plena oscuridad, me molestó durante mucho tiempo tener que dormir en este mundo de neblina, de neblina verdosa o azulada y vagamente luminosa que es el mundo del ciego. Hubiera querido reclinarme en la oscuridad, apoyarme en la oscuridad. Al rojo lo veo como un vago marrón. El mundo del ciego no es la noche que la gente supone. En todo caso estoy hablando en mi nombre y en nombre de mi padre y de mi abuela, que murieron ciegos; ciegos, sonrientes y valerosos, como yo también espero morir. Se heredan muchas cosas (la ceguera, por ejemplo), pero no se hereda el valor. Sé que fueron valientes.
El ciego vive en un mundo bastante incómodo, un mundo indefinido, del cual emerge algún color: para mí, todavía el amarillo, todavía el azul (salvo que el azul puede ser verde), todavía el verde (salvo que el verde puede ser azul). El blanco ha desaparecido o se confunde con el gris. En cuanto al rojo, ha desaparecido del todo, pero espero alguna vez (estoy siguiendo un tratamiento) mejorar y poder ver ese gran color, ese color que resplandece en la poesía y que tiene tan lindos nombres en muchos idiomas.
Pensemos en scharlach, en alemán, en scarlet, en inglés, escarlata en español, écarlate, en francés. Palabras que parecen dignas de ese gran color. En cambio, “amarillo” suena débil en español; yellow en inglés, que se parece tanto a amarillo; creo que en español antiguo era amariello.
Yo vivo en ese mundo de colores y quiero contar, ante todo, que si he hablado de mi modesta ceguera personal, lo hice porque no es esa ceguera perfecta en que piensa la gente; y en segundo lugar porque se trata de mí. Mi caso no es especialmente dramático. Es dramático el caso de aquellos que pierden bruscamente la vista: se trata de una fulminación, de un eclipse; pero en el caso mío, ese lento crepúsculo empezó (esa lenta pérdida de la vista) cuando empecé a ver. Se ha extendido desde 1899 sin momentos dramáticos, un lento crepúsculo que duró más de medio siglo.
El solo hecho de que se hagan llamar demócratas y republicanos ya es una ejemplificación de la nada con pretensiones. Según eso, los peperos debieran denominarse monárquicos y los psoeros parlamentarios, o por rotación legislatura a legislatura, en perfecto homenaje a Il Gatopardo.
Legajo Sarah Palin: Conservador es ser madre a los 17, progresista es ser madre a los 57.
Legajo Rachida Dati: Desmiento lo mío con King Kong.