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Pigmeos

 

 

Dicebat Bernardus Carnotensis nos esse quasi nanos, gigantium humeris insidentes, ut possimus plura eis et remotiora videre, non utique proprii visus acumine, aut eminentia corporis, sed quia in altum subvenimur et extollimur magnitudine gigantea

Bernardo de Chartres

 

A dwarf standing on the shoulders of a giant may see farther than a giant himself

Robert Burton

 

Pygmaeos gigantum humeris impositos, plusquam ipsos gigantes videre

Diego de Estella

 

If I have seen further, it is by standing upon the shoulders of giants

Isaac Newton

 

 

Vidas consagradas

 

Related: http://www.youtube.com/watch?v=PG8mpHGubUI

 

Gerda Taro & Robert Capa

 

 

 

      "Gerda Taro, Guadalajara Front, Spain," July 1937, by an unknown photographer. Ms. Taro, seen by many as the first woman known to photograph a battle from the front lines and to die covering a war, survived in the public eye mostly for her romance with Robert Capa.

 

La verdad es muy difícil

 

 

Invisibles

 

 

Claudine

 

 

El oficio más viejo del mundo

 

 


De todas las palabras
Que una mujer le ha dicho a un hombre
Las más hermosas siguen siendo
Déjame ser tu puta


*


En la guerra entre los hombres y las mujeres, éstos llevan ventaja, porque tienen a las putas de su lado.


*


Estos, el día que se derrumbaba el cielo,
en la hora en que se hundían los cimientos de la Tierra,
siguieron siendo mercenarios:
recibieron sus pagas y están muertos.

Sostuvieron el cielo suspendido de sus hombros:
porque ellos resistieron, resisten los cimientos de la Tierra.
Lo que abandonó Dios, ellos lo defendían
y lo salvaron todo por dinero.

 

*

 

De putas y puteros

 

Antonio Vega & Amaral

 

 

Madonna & Co

 

 

 

 

Hitchcock blonde

 

 

Biografía literaria

 

 


         Había cumplido su propósito, había recorrido a nado el condado, pero estaba tan aturdido por el agotamiento que no veía claro su propio triunfo. Encorvado, aferrándose a los pilares del portón en busca de apoyo, subió por el sendero de su propia casa. [...] La casa estaba cerrada con llave, y él pensó que la estúpida cocinera o la estúpida criada seguramente habían cerrado todo, hasta que recordó que hacía un tiempo que no empleaban ni criada ni cocinera. Gritó, golpeó la puerta, trató de forzarla con el hombro y después, mirando por las ventanas, vio que el lugar estaba vacío.


*


–¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?
–Depende mucho del punto donde quieras ir –contestó el Gato.
–Me da casi igual dónde –dijo Alicia.
–Entonces no importa qué camino sigas –dijo el Gato.

 

 

Pero por qué nombrar el polvo y la ceniza

 

 

The soul is not stupefied into mere sensations by a worthless sympathy with our own ordinary sufferings.

 

*

 

I

Porque no espero retornar jamás
Porque no espero
Porque no espero retornar
Deseoso del don de éste y de la visión de aquél
Ya no me esfuerzo más por esforzarme por cosas semejantes
(¿Por qué debiera desplegar las alas el águila ya vieja?)
¿Por qué debiera lamentarme yo
Por el poder perdido del reino acostumbrado?

Porque no espero conocer jamás
La endeble gloria de la hora positiva,
Porque pienso que no
Porque conozco que no he de conocer
El único real de los poderes transitorios
Porque no he de beber
Allí, donde los árboles florecen, y los manantiales fluyen, pues –de nuevo– no hay nada

Porque yo sé que el tiempo es siempre tiempo
Y que el espacio es siempre sólo espacio
Y que es actual lo actual sólo en un tiempo
Y sólo en un espacio
Me alegra que las cosas sean tal como son y
Renuncio al rostro bienaventurado
Y renuncio a la voz
Porque no he de esperar ya retornar jamás
Me alegro en consecuencia, al tener que construir algo
De qué alegrarme.

Y ruego a Dios se apiade de nosotros
Y le ruego que yo pueda olvidarme
De aquellas cosas que conmigo mismo discuto demasiado
Explico demasiado
Porque no espero retornar jamás
Deja que estas palabras respondan
Por lo que se ha hecho, para no volver a hacerse
Que el juicio no nos sea demasiado gravoso

Porque estas alas ya no son alas para volar
Sino sólo abanicos que baten en el aire
El aire que ahora es terriblemente angosto y seco
Más angosto y más seco que la voluntad
Enséñanos a preocuparnos y no preocuparnos
Enséñanos a quedarnos sentados quietos.

Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.


II

Señora, tres leopardos blancos estaban recostados bajo un árbol de enebro
A la fresca del día, tras haberse saciado hasta el hartazgo
De mis piernas mi corazón mi hígado y aquello que había sido el contenido
De la esfera ahuecada de mi cráneo. Y dijo Dios
¿Vivirán estos huesos? ¿Vivirán
Estos huesos? Y aquello que había sido el contenido
De los huesos (que ya se habían secado) dijo con un gorjeo:
Gracias a la bondad de esta Señora,
por su belleza, y porque
honra a la Virgen meditando
brillamos relucientes. Y yo, que estoy aquí disimulado,
ofrezco mis acciones al olvido, y mi amor
a la posteridad del desierto y al fruto de la calabaza.
Esto es lo que rescata 
Mis entrañas, los nervios de mis ojos y las partes indigeribles
Que rechazan los leopardos. La señora se retira
Con un vestido blanco, a contemplar, con un vestido blanco.
Que la blancura de los huesos sirva de expiación para el olvido.
No hay vida en ellos. Como estoy olvidado
y he de estar olvidado, así me olvidaría
Al consagrarme, concentrado en un propósito. Y dijo Dios
Su profecía al viento, al viento solamente porque sólo
Sabe escuchar el viento. Y los huesos gorjeaban en un canto,
Acompañados por los saltamontes. Y decían:

Señora del silencio
Calmada y afligida
Desgarrada e intacta
Rosa de la memoria
Rosa de los olvidos
Agotada y nutricia
Preocupada y tranquila
La Rosa singular
Es ahora el Jardín
Donde el amor termina
Da fin a los tormentos
De amor insatisfecho
El tormento mayor
Del amor satisfecho
Final de lo infinito
Viaje a ninguna parte
La conclusión de aquello
Que es inconclusible
Discurso sin palabra y 
Palabra sin discurso
Las gracias sean dadas a la Madre
Por el Jardín
Donde el amor termina. 

Bajo un árbol de enebro, cantaban esparcidos los huesos relucientes
Estamos satisfechos de estar desperdigados, no hicimos nada bueno los unos por los otros
A la fresca del día, bajo un árbol, con la anuencia de la arena,
En olvido de sí mismos y de los otros, juntos
en el silencio del desierto. Esta es la tierra que
dividiréis por lotes. Y ni la división ni la unidad
importan. Es la tierra. Tenemos nuestra herencia.

III

Al doblar la segunda escalinata por primera vez
Me di vuelta y miré lo que había abajo,
La misma forma serpenteante sobre el pasamanos
Tras los vapores en el aire fétido,
En pugna contra el diablo de las escaleras, 
Con su engañoso rostro de esperanza y desesperación. 

Al doblar la segunda escalinata por segunda vez
Las dejé serpenteando y enrollándose ahí abajo;
Ya no había más rostros, la escalera estaba oscura,
Húmeda y escarpada, como la boca de algún viejo que babea sin remedio,
O las fauces dentadas de un tiburón ya viejo.

Al doblar la tercera escalinata por primera vez
Había una ventana panzona como el fruto de la higuera
Y detrás del espino florecido y de la escena pastoril
Una figura de anchas espaldas ataviada en verde y en azul
Hechizaba con una flauta antigua el mes de mayo.
Son dulces los cabellos que se agitan, los cabellos castaños que ondean sobre la boca,
Los cabellos violetas y castaños;
La distracción, la música de la flauta, las pausas y los pasos de la mente en la tercera escalinata,
Cada vez más se apagan; una fuerza mayor a la esperanza y a la desesperación
Sube por la tercera escalinata.

Señor, yo no soy digno
Señor, yo no soy digno

pero una palabra Tuya bastará.




IV

Quien caminaba entre el violeta y el violeta
Quien caminaba entre
Las varias gamas de variados verdes,
De azul y blanco, con el color de María,
Mientras hablaba de cosas triviales
Sin saber y sabiendo sobre el dolor eterno
Quien caminaba entre los otros mientras caminaban,
Quien hizo que las fuentes brotaran vigorosas e hizo frescas las aguas de los manantiales

Enfrió la piedra seca e hizo firme la arena
Con el azul de los delfinios, el azul del color de María,
Sovegna vos

He aquí los años que andan entre medio, haciendo a un lado
Los violines y las flautas, reinstaurando
a una que se mueve en el tiempo entre el sueño y el despertar, vestida

Con un manto de luz blanca, envuelto en la cabeza.
Los años nuevos van, reinstaurando
A través de una nube de lágrimas brillante, los años, reinstaurando
Con versos nuevos una rima antigua. Redime
El tiempo. Redime
La visión no leída en el sueño más alto
Mientras los unicornios enjoyados arrastran la carroza fúnebre dorada.

La hermana silenciosa con su velo azul y blanco
Entre los tejos, tras el dios del jardín,
La de la flauta sin aliento, agachó la cabeza e hizo un gesto, pero no dijo nada

Pero brotó la fuente y cantó el pájaro
Redime el tiempo, redime el sueño,
Muestra de la palabra nunca oída, nunca dicha,
Hasta que el viento arranque mil murmullos del tejo

Y después de este destierro.


V

Si se perdiera acaso la palabra perdida, si se gastara acaso la palabra gastada
Si se escuchara acaso y se dijera
La palabra no dicha ni escuchada;
Aún seguiría siendo la palabra no dicha, la Palabra no escuchada,
La Palabra sin palabra, la Palabra dentro
Del mundo y para el mundo;
Brilló la luz en las tinieblas y
Contra la palabra el mundo inquieto seguía dando vueltas
Alrededor de la Palabra silenciosa


Oh pueblo mío, ¿qué te he hecho?

¿Dónde habrá de encontrarse la palabra, dónde
resonará? Aquí no, porque aquí no hay silencio suficiente,
ni en el mar ni en las islas, ni
en el continente, tampoco en el desierto o en las praderas húmedas,
para quienes caminan en lo oscuro
durante el día y durante la noche
el lugar apropiado y el momento justo no son éste
no hay un lugar de gracia para aquellos que rehuyen el rostro
ni tiempo de alegrarse por aquellos que caminan entre el ruido pero niegan la voz

¿Ha de rezar la hermana del velo
por los que andan en lo oscuro, los que Te han elegido y enfrentado,
los que están desgarrados sobre el cuerno entre estación y estación, entre un tiempo y otro, entre
una hora y otra, una palabra y otra, entre un poder y el otro, los que esperan
en medio de lo oscuro? ¿Ha de rezar la hermana
por los niños que esperan en la puerta
que no se irán de allí, y que son incapaces de rezar?
Reza por los que eligen y por los que se oponen

Oh pueblo mío, qué te he hecho.

¿Ha de rezar la hermana entre los árboles de tejo esbeltos
por quienes la ofendieron y ahora tienen miedo
y no pueden rendirse y afirmar ante el mundo y negar entre las rocas
en el último desierto entre las últimas rocas 
azules el desierto en el jardín el jardín en el desierto
de la sequía, y escupir de la manzana la semilla seca?

Oh pueblo mío.


VI

Porque no espero retornar jamás
Porque no espero
Porque no espero retornar
A debatirme entre la ganancia y la pérdida
En este breve tránsito donde se cruzan sueños
El crepúsculo por el que cruzan sueños entre el momento de nacer y el de morir
(Padre, bendíceme) aunque no quiero desear estas cosas,
Desde el gran ventanal hasta la costa de granito
Las velas blancas siguen volando rumbo al mar, volando al mar
Velas intactas

Y el corazón perdido se endurece y se alegra
Por la lila perdida y por las voces que el mar perdió
Y el espíritu débil se apura en rebelarse
Por el cetro de oro torcido y el aroma que el mar perdió
Se apura en recobrar el grito de la codorniz y el del chorlito que vuela en círculos
Y el ojo ciego crea las formas en las puertas de marfil
Y renueva el olor el gusto de salitre de la tierra arenosa.

Es el momento de tensión entre morir y el nacimiento
El lugar solitario donde tres sueños cruzan
Entre rocas azules
Pero cuando las voces arrancadas al tejo comiencen a perderse
Que se agite en respuesta el otro tejo

Bendita hermana, santa madre, espíritu del jardín y la fuente,
No permitas que el uno al otro nos burlemos mediante falsedades
Enséñanos a preocuparnos y a no preocuparnos
Enséñanos a quedarnos sentados quietos
Incluso entre estas rocas,
Con nuestra paz entre Su voluntad,
Hermana, madre
Y espíritu del río, espíritu del mar,
No permitas que me aparte

Y llegue a Ti mi clamor.

 

 

Cantares

 

 

 

 

París

 

 

*

 

 

 

¡Non serviam!

¡Non serviam!

En los digitales no hay



 

¿Qué hacer cuando ha de escribirse una necrológica?

 

1.-Tenga en cuenta que usted sigue vivo.

2.-Evite ponerse, por si acaso, en el lugar del muerto, tipo «a él le habría gustado así».

3.-Evite las cartas a tumba abierta, tipo «allá donde estés, amigo, quiero que sepas».

4.-Evite convertir una muerte natural en un suicidio, tipo «se fue tan discretamente como había vivido».

5.-No espere una mejora de su conducta, tipo aquel necrologista que riñó a su muerto.

6.-Sobre todo, no hable de su sonrisa, tipo «nos acompañará siempre».

7.-Si siempre ocultó lo que realmente pensaba sobre él, haga ahora un pequeño y postrero esfuerzo.

8.-Examine si supone un acto de respeto haber esperado a su muerte, tipo «ahora ya se puede desvelar cómo».

9.-No olvide jamás que la necrológica que está escribiendo puede ser lo único vivo que quede de él.

10.-Y dado que en algún caso, aunque escaso, el muerto se ha levantado y ha leído, escriba usted siempre con las precauciones del que espera réplica.

 

 

 

La dignidad

[Negritas mías]

 

 

          De FJ: «Has sido manifiestamente injusto con Izaskun, con su esfuerzo por hacerse un hueco en el duro y competitivo mundo laboral; despectivo con las personas, desde sus padres, demás familia, amigos y formadores que han luchado por hacerla, durante años, Arcadi, “capaz” de llegar a Tengo una pregunta para usted; y cruel con una ingente cantidad de personas discapacitadas que nunca podrán llegar a ser “diputados”, “camioneros”, “espías”, y ni tan siquiera, añado yo, periodistas desalmados.»

 

         A FJ: Lo que hay en mi columna es un acto de consideración a los enfermos. Desde el principio, claro, que consiste en considerarlos “enfermos” y en no mentirles (y mentirnos) considerándolos “característicos”, “singulares” y todas esas zarandajas. Me desmoraliza la utilización que hizo de ellos la televisión pública, el presidente del Gobierno y también nuestro periódico cuando, al día siguiente, trató de convertir a uno de ellos en político, arrancándole unas patéticas (inexorablemente patéticas), declaraciones. El principio de la dignidad es el reconocimiento de lo real. Y, en simétrica equivalencia, el principio de la crueldad consiste en una determinada ficcionalización de lo real. Así, mediante este recurso, el hombre es capaz de torturar, de ponerle a otro una pistola en la nuca o de engañar a un niño enfermo en parecidos términos a lo que hacía la televisión franquista con aquel Reina por un día inolvidable.

 

*

 

La ficcionalización de la realidad es una forma de perversión, decía más o menos. Es muy profundo, bello y cierto. 

Yo siempre he considerado que la verdad, aun en silencio, era la primera muestra de respeto. No siempre es fácil. El sentimiento causa estragos. Y luego están los y las que confunden la verdad con el dolor de tripa. 

Al margen. Es terrible. Pero no, no, y no. Hay que resistir, es una cuestión de respeto. Del respeto que piden. 

El padre que dice en las cartas de los lectores: 

«Sólo una cosa más: las personas con síndrome de Down no son enfermos, son personas.» 

Entiendo que su dolor le impida ver que los enfermos son personas.

 

*

 

La refutación: The stupidity of dignity

 

 

Kiss my elbow

 

 

            Está claro que para Alberto y muchísimos más, esto no va de entender lo que pasa en el mundo, sino de escenificar una profunda indignación moral, de contemplarse a sí mismos en el espejo del “compromiso”. De narcisismo, vamos. A mí este exhibicionismo moral ya sólo me provoca aburrimiento y desprecio.

 

 

Tahúres

 

 

 

Copas

Espadas

 

 

Mapa/Territorio

 

 

 

Newsmap

 

 

Del rigor en la ciencia

...En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

Suárez Miranda: Viajes de varones prudentes, Libro cuarto, cap. XIV, Lérida, 1658.

 

Gregorio Luri & Sarah Diano

 

[Del amor y otras urgencias]

 

 

Sin moraleja

 

        Pongamos que él es un estudiante catalán en una discoteca. No lo podemos llevar a un baile de salón, como hacían los góticos del diecinueve, así que contentémonos con algo más de andar por casa. Quizás pudiera ser también un estudiante ocupando la Universidad Central de Barcelona en protesta por Bolonia. ¡Todo son metáforas! ¡Hasta la palabra "realidad" metaforiza!. Añadamos que junto a este estudiante hay dos o tres chicas que se ocupan, también en este caso, y también en este tiempo, de la intendencia: de los bocadillos, del café caliente, de la limpieza. Imaginemos a una especialmente bella, muy bella. Quizás mejor que sea esbelta y un poco flaca, de cabellos muy oscuros y de tez, obviamente, muy pálida y ojos ligeramente enrojecidos. No es especialmente elegante, ni parece dedicar mucho tiempo a su cuidado, pero sin embargo se permite una pequeña sofisticación: lleva en el cuello una cinta roja muy bien planchada que se cierra bajo la barbilla con un nudo delicado. El chico y la chica intimidan, se atraen, se tocan, se encierran juntos en un mismo saco de dormir. Mientras se desnudan ella le pide que, por favor, el lazo lo deje intacto. Le hace caso. Se aman, se duermen abrazados. Muy de mañana, el estudiante se despierta primero y la observa respirar pausadamente. Sin pensarlo, tira de un extremo del nudo y lo deshace. Inmediatamente la cabeza de la chica se desprende del cuerpo y cae, rodando, al interior del saco, al fondo, hasta detenerse en sus pies.


 

*

 

Matrimonio

 

Ya no tendremos más el agotarse
en el cuerpo del otro, ni los días
que en un instante eterno se prolongan:
el tiempo, desde ahora, será un túnel
por donde sólo quedará avanzar
aunque apenas veamos los obstáculos;
y el cuerpo, una parcela cultivada
donde comer cuando tengamos hambre.

Estos anillos que nos damos valen
no por lo material de la aleación,
testimonio de un pacto o de una alianza
que advierte que no todo es ya posible,
sino por el vacío que en el centro
nos recuerda la falta que teníamos
y nos previene de intentar llenarla
el uno con el otro, el uno al otro
.

 

 

Para que no encoja