Ruth Orkin

Marlon Brando on the set of “Julius Caesar,” Hollywood, CA, 1952
Plus: http://www.lapetiteclaudine.com/archives/011537.html
Rodney Smith
Berta García Faet
poema sobre muchas cosas que me preocupan en la vejez
la orquídea era el testículo,
recordar era volver
al paseo rojo,
la etimología explicaba la vida,
y no el azar desvencijado,
fácilmente,
cuando el mundo era gordo: yo
no
leía. Ahora,
escribir poemas es ser artista forense
en arena versátil; vivir
es misteriosamente físico;
y lo físico
es deshilachar,
un aliterativo soplo vivo
en las muñecas.
cuando digo estoy confundida
cuando digo alondra-mentira, estoy
loca,
huye antes del mucílago invasor que borra
todo,
temo por ti pero yo peso más
en este cómputo,
en el agua,
entonces
camino el roto,
arrugo el cuello,
acurruco las cejas
para ser ser a lo largo.
-
poema sobre los días de sol
En los días de sol
soy erotómana
y gajo
mota del mundo
que me excita.
Curioso paréntesis: aquí
el bullicio interior
no me insulta.
Blog: http://tristeycaliente.blogspot.com/
Entrevista: http://lunamiguel.blogspot.com/2011/03/tenian-veinte-anos-y-estaban-locos-ii.html
V.I. Lenin
Desde el punto de vista de la teoría del marxismo en general, el problema del derecho a la autodeterminación no presenta dificultades. En serio no se puede ni hablar de poner en duda el acuerdo de Londres de 1896, ni de que por autodeterminación se entiende únicamente el derecho a la separación, ni de que la formación de Estados nacionales independientes es una tendencia de todas las revoluciones democráticas burguesas.
Shanghai
Javier Gomá
Ahora bien, como dijo Hesíodo, «los dioses inmortales han puesto el sudor delante de la excelencia». Por eso, si Federer es la gracia, Nadal es la virtud. La gracia se acepta, la virtud —la excelencia moral conseguida con trabajo— se admira.
*
Tantos años afectando un activismo dinámico que en realidad no poseo, aprovecharé mi ancianidad para sentarme a mi sabor, sin reproches. Y cuando trate de imaginarme cómo sería una vida eterna, recordaré la imagen que una vez evocó el olvidado Eugenio D'Ors, quien confiaba verse a sí mismo algún día "sentado en una nube haciendo dulces objeciones al creador", siendo, por supuesto, lo más interesante de esta bienaventuranza la expectativa de permanecer sentado por los siglos de los siglos.
The art of staying up all night
Félix Grande
Una postal de nieve
Cuando me tienda en la vejez
como en un mal cerrado sepulcro
maldeciré tu nombre
Sólo porque esta noche
enajenado y absorto en tu cuerpo
he deseado que fueras eterna
y no sabía si pegarte o llorar.
*
Vivir a cara o cruz
Carezca yo de ti
y al infortunio suceda la desgracia
y a la desgracia el cataclismo
y a todo ello asistiría
con el desinterés de un muerto.
Estés conmigo tú
y por cada brizna de dicha
que pretendan arrebatarnos
avanzarían desde mi corazón
espléndidos ejércitos de odio.
Tú puedes ser la espalda atroz de mi destino
o mi patria de carne.
Adam Zagajewsky
Habla más suave: eres mayor que aquel
que fuiste tanto tiempo; eres mayor
que tú mismo y sigues sin saber
qué es la ausencia, el oro, la poesía.
El agua sucia anegó la calle; una tormenta breve
sacudió esta ciudad plana, adormecida.
Cada tormenta es un adiós, cientos de fotógrafos
parecen sobrevolarnos, inmortalizar con flash
segundos de miedo y pánico.
Sabes qué es el duelo, la desesperación
violenta que ahoga el ritmo cardiaco y el futuro.
Entre extraños llorabas, en un moderno almacén
donde el dinero, ágil, sin cesar, circulaba.
Has visto Venecia, y Siena, y en los lienzos, en la calle,
jovencísimas, tristes Madonnas que ansiaban ser
muchachas normales y bailar en carnaval.
Has visto incluso pequeñas urbes, nada bonitas,
gente vieja extenuada por el sufrimiento y el tiempo.
Ojos de santos morenos brillando en iconos
medievales, ojos ardientes de bestias salvajes.
Entre los dedos cogías guijarros de la playa La Galere,
y de pronto sentías por ellos una inmensa ternura,
por ellos y por el pino frágil, por todos los que allí
estuvieron contigo y por el mar,
que aunque potente, es tan solitario.
Una ternura inmensa, como si fuésemos huérfanos
de la misma casa, para siempre apartados los unos de los otros,
condenados a breves momentos de visitas
en las frías cárceles de la actualidad.
Habla más suave: ya no eres joven,
el éxtasis ha de pactar con semanas de ayuno,
has de elegir y abandonar, dar largas
y hablar extensamente con embajadores de secos países
y labios cuarteados, has de esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla más suave. No abandones la poesía.
Bob Dylan
Tanto tiempo buscando.
José Luis Alvite
Dos en la gabardina
No sabría decir cuánto tiempo hace de esto, pero podría haber ocurrido ayer. Llevaba un tiempo hablando con una amiga. Congeniábamos más allá de lamentar las guerras y deplorar el hambre en el mundo. Era una chica inteligente y agradable y aunque jamás la hubiese visto delante, habría acertado a oscuras su perfume aspirándolo a través del cristal de una ventana enterrada. Tenía en el rostro una tristeza serena y fotogénica, un leve matiz de resignación en la sonrisa y estaba en esa edad tan ambigua en la que, pensando en el futuro, las mujeres no saben decir si dejaron la puerta algo abierta o mal cerrada. Lo que hubo entre ella y yo fueron unos pocos días, algo de información y muchas frases, como entre dos espías compartiendo gabardina bajo la lluvia en el Berlín dividido. No es mucho para entrar en la Historia, pero a mí me pareció suficiente para convertirlo en esta columna de periódico en la que hoy conmemoro las agridulces exequias de aquel encuentro. Yo le confesé mis sentimientos y ella me rechazó con su mejor vocabulario, con un cierto toque de agradable beneficencia, de una manera en realidad tan dulce que el de romper con ella es uno de los mejores recuerdos de aquella amistad. «Ahora tendré que escribir mi texto para el periódico –le dije– y a mis lectores les va a parecer que lo hice después de haber tomado notas en un sudario». Me mostré apesadumbrado, diría que incluso hundido, pero nada tuvo ya remedio. A los pocos días de conocerla le dije que se me daba bien caer vencido y creo que, a pesar del sufrimiento, aquella última tarde a su lado supe estar a la altura. Le dije, «¿sabes?, tengo la sensación de que estos días contigo fueron sin duda el resto de mi vida» y añadí que no esperaba mucho del futuro porque a partir de aquel fracaso no me cabía la menor duda de que, por mucho que los cerrase, la muerte tenía sin duda mis ojos. Fue inútil. Un día me hizo llegar una nota redactada en amargo tono diagnóstico: «Creo que tienes las costumbres tan hechas que morirán contigo». Si no recuerdo mal, mi respuesta fue simplemente lógica: «La única costumbre que morirá conmigo, querida amiga, es la vieja y razonable costumbre de vivir».
Fue aquel un chasco memorable, lo reconozco. Pero al final me sobrepuse gracias a lo bien que se me da confundir la resignación con la esperanza, como un cazador sin ojos que sale al monte persuadido de que las perdices harán cola frente al cañón de su escopeta. (A Lola Conesa, por su grandeza).
Centauros del desierto
Tom Waits & Liz Taylor

La ejemplaridad pública
En los comentarios anteriores hay varios magistrados que aún reconociendo la necesidad de la reforma de la Justicia, estiman que ni por ellos mismos como cuerpo, ni por los políticos, ni por la sociedad, se podría conseguir nada, porque la situación es inamovible. No puedo participar de esta sensación tan negativa. En “Ejemplaridad Pública”, el citado libro de mi hermano Javier, aparte del capítulo dedicado a los políticos, hay otro dedicado a los funcionarios, en especial aquellos, como los jueces, tienen un mayor nivel, a los que se les exige ser un ejemplo público-privado que ejerza su autoridad y disfrute de prestigio y confianza, pero entendido esto no como un hecho consumado, sino como una misión que ha de cumplirse. De estos funcionarios públicos se espera no únicamente la estricta observancia de la ley positiva sino la práctica de valores como la imparcialidad, la independencia, la equidad, la lealtad, la anteposición del interés general al propio o la probidad del servicio público.
Hay multitud de problemas en la sociedad, pero hay alguno que nos interpela con más intensidad en un momento dado, por muchas circunstancias, muchas veces casuales, mientras que a otros lo hace en menor intensidad. La calidad sanitaria es asunto de todos pero qué duda cabe que los médicos tienen mucho que decir y que exigir, son interpelados con más intensidad en la consecución de este objetivo. Si a partir de ahora surgiera cualquier tipo de iniciativa tendente a la reforma de la justicia, como se está hablando en este blog, serán los jueces los primeros interpelados individualmente a adoptar una posición, a ser un ejemplo para los demás, a “hacer lo que hay que hacer”. Y si la posición en la sociedad es alta, como es el caso, el deber ético y de ejemplaridad es mayor, pues mayor es su influencia. No se trata por tanto solamente de obtener resultados a corto plazo y desanimarse si se cree imposible ese objetivo, sino de actuar éticamente, y con esa actuación crear costumbres éticas que, en la red de influencias mutuas que formamos todas las personas, expanda su influencia positiva como contrapeso a los otros ejemplos negativos. Hacer algo para mejorar la calidad de la justicia o apoyar lo que hacen los demás es, en sí mismo, ejemplar. Y tiene mucho valor.
Fernando Gomá.
La red social
Radiohead (covers)
Manuel Jabois
Hay un poema muy bello de CK Williams, titulado Grief, donde el poeta contempla a su madre muriendo en el hospital y analiza su propia pena. En un verso ella se maquilla. A la hora de la muerte, se pinta los labios en un gesto profundamente inútil y por tanto profundamente humano. Considerando el tema de la crítica en toda su hondura, se puede retratar al buen crítico como aquel que ejerce, en una sociedad tan pragmática, una labor inútil, capaz de llamar la atención sobre una obra de arte, de practicar ese nivel de sensibilidad trabajada y “defender” por lo tanto la expresión humana de una cultura.
Chet Baker
Propiedad intelectual
Del internauta de a pie y la piratería
En estas últimas semanas se están escribiendo muchísimas cosas sobre la Ley Sinde y demás asuntos relacionados con la Propiedad Intelectual. Yo no pienso entrar a juzgar si la ley es acertada o no. Sólo quiero hacer una reflexión sobre el inmenso poder que en todo este asunto han tenido y tienen los operadores de redes de telecomunicación y los proveedores de acceso a Internet.
Me encanta que en estos momentos muchos estén resaltando que las nuevas leyes no tratan de perseguir al internauta de a pie, y que sólo se trata de proceder contra aquellos que proporcionan enlaces y se lucran con ello. Que se deja al margen al individuo y que simplemente se trata de cerrar webs ilícitas. Pero, en mi opinión, no siempre fue así....
En un primer momento, cuando programas como el Emule estaban de moda, se trató de identificar al internauta que compartía y descargaba archivos a través de estas redes P2P (peer to peer). La posibilidad de proceder penalmente contra el que se descargaba películas o canciones para uso propio topaba con el artículo 270 del Código Penal, que exige que la reproducción, plagio, distribución o comunicación pública se realice con ánimo de lucro. Además, respecto a este ánimo de lucro, la Circular 1/2006 de la Fiscalía General del Estado remarcaba "no puede tener una interpretación amplia o extensiva, sino que debe ser interpretado en el sentido estricto de lucro comercial".
Cerrada la puerta de una posible actuación penal, se planteaba una posible acción civil contra el internauta. Los programas de P2P, se basan de manera simple y llana, en descargar archivos mientras compartes con los demás la parte de ese archivo que te estás descargando. Y esta definición encaja en lo que la reforma de la Ley 23/2006, de 7 de julio, de Propiedad Intelectual, define como COMUNICACIÓN PÚBLICA "la puesta a disposición del público de obras, por procedimientos alámbricos o inalámbricos, de tal forma que cualquier persona pueda acceder a ellas desde el lugar y en el momento que elija". Es por tanto una vulneración de los derechos de autor perseguible civilmente, pues tal derecho corresponde en exclusiva al autor de la obra.
Pero es aquí donde aparecen los Proveedores de Acceso a Internet. Lógicamente, para ejercitar una acción civil contra el que esta usando el emule para descargarse una canción necesitas su dirección IP. Y aunque esa dirección la podemos conseguir todos, la correspondencia entre la dirección IP y los datos personales del que la está usando obra en poder de las operadoras. Entra en juego la Ley 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal por la que las operadoras no han de suministrar los datos de sus clientes salvo resolución judicial (Art.11). Algunas entidades de gestión de derechos de autor como Promusicae, solicitaron ante los tribunales mercantiles que Telefónica le suministrase la identificación de algunos de sus clientes cuyas direcciones IP habían sido detectadas por aquellos. Se presentó un recurso prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (29 enero 2008) y en él se declaro que en base a la legislación vigente en aquel momento, el Estado no podía imponer a Telefónica que suministrase esos datos, aunque dejaba una puerta abierta a una posible modificación de la legislación estatal en este sentido. Vamos, que en resumen, Telefónica sólo proporcionará esos datos en procedimientos de carácter criminal contra el internauta.
Y es así como, en mi opinión, hemos llegado a la actualidad. El no ir contra los internautas de a pie no es un favor, o concesión hacia los mismos. Es, en el marco legislativo actual, la única opción. Por eso no me gusta el mensaje demagógico de algunos diciendo que “no vamos contra los particulares!! Sólo contra aquellos que se lucran con webs de enlaces!!!”. No discuto si el descargarse películas o canciones gratuitamente y sin permiso del autor está bien o mal, que quede claro. Sólo quiero manifestar que no siempre la línea a seguir en el tema de la piratería ha sido la que se está siguiendo hoy en día.
Gerardo
*
Diez visiones sobre la Ley Sinde, El Mundo
Bienes públicos y propiedad intelectual, Kantor
Contrarios a la Ley Sinde, ¿piratas o parásitos?, Santiago Navajas
Diez notas sobre la Ley Sinde, Roger Senserrich
Ley Sinde, notas finaes, Roger Senserrich
Ideas sobre el canon digital, Roger Senserrich
Sindestreza (I), Pedro Letai Weissenberg
Sindestreza (II), Pedro Letai Weissenberg
Sindestreza (III), Pedro Letai Weissenberg












