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Jesus Venn

 

 

Eugenio Recuenco II

 

 

Chris Talbott

 

 

 

El hijo único 

Lo veo chapotear en el estanque 
de la infancia, luchando por no hundirse
con flotadores en los brazos flacos;
de vacaciones con su madre, miro
cómo lee de un tirón una novela
en la cama, con sus anteojos gruesos,
mientras afuera brilla el sol y todos
los demás chicos juegan en el patio;
podría imaginármelo recluido
en su cuarto, escapando de la furia
de la madrastra joven; o en la escuela,
comprimiendo la panza en un intento
frustrado por atarse los cordones; 
lo contemplo aturdido en la cocina
mientras, en algún lado, carretea
el avión que está a punto de llevarse
su niñez para siempre; lo descubro 
precoz, temblando junto al río, mientras
aprende en medio de la noche helada
una gimnasia nueva en otro cuerpo; 
vuelvo a encontrarlo sobre el pasto húmedo,
bajo la bruma blanda de las drogas,
borracho, parloteando sin parar,
fumando un cigarrillo tras de otro
con un único amigo; lo sorprendo
atormentado por el sexo, a solas
frente al amor y su atavismo, lúcido
en ser ingenuo sin saberlo; miro
cómo se abren sus músculos y crece
la flor de su estatura; cómo, mientras
se va cubriendo de deseo ajeno,
lo quema como un rayo silencioso
el suyo propio; en la universidad,
lo veo con la mano levantada
hacer una pregunta inconveniente;
lo miro convertirse, en poco tiempo,
en un novio serial, en el marido
más probable; lo encuentro con los ojos
abiertos, en la noche conyugal,
mirando las esquirlas de la luz
que pasan a través de la persiana
entrecerrada y flotan por el techo;
lo veo suspendido por el aire 
en su asiento asignado, sin poder
dormir, con el estómago revuelto
por su futura decisión, y un vaso
de plástico en la mano; lo descubro
solo otra vez, perdido entre la música,
con los dientes cubiertos de cemento,
intentando aprender cómo se vive
de un fogonazo cegador a otro;
observo cómo flota entre lo frágil,
de espaldas, mansamente; lo contemplo
recluïdo en sí mismo, encaramado
al borde de su propia juventud.
*
The Lefties 

Face to face before the mirror, they seek
each other’s best hand -- they write
with their fingers in the night’s moist air
& stare while they sip the liquor
of consciousness -- they make
a point to back away -- they tangle up
in telephone wire & are rewoven
in the morning sun -- they play hide & seek
in the immediate & the oblique, & stay close
to the wild heart -- they listen to the deaf
music of the body -- detachment finds them
at home again -- dusk falls -- they take a broom
& try to free a restless dragonfly,
stuck & buzzing on the ceiling
of their rooms -- they sink
in deep silence & take shelter in the work
of muscle & spirit -- both mute, they speak
telepathically when night falls upon the fields
before the storm -- a ray of lightning strikes
nearby & holds them in an instant
of sheer light, while the wind blows, opening
& closing the window of their opportunity.

 

Marlango

 

 

Sufjan Stevens

 

 

Manjari Sharma

 

 

The shower series

http://www.manjarisharma.com/index.html

 

 

Alex Ten Napel

 

http://www.alextennapel.nl/

 

(Especialmente la serie 'Alzheimer')

 

Manuel de Falla & Alicia de la Rocha

 

 

Leonard Cohen



It's four in the morning, the end of December 
I'm writing you now just to see if you're better 
New York is cold, but I like where I'm living 
There's music on Clinton Street all through the evening. 
I hear that you're building your little house deep in the desert
You're living for nothing now, I hope you're keeping some kind of record. 

Yes, and Jane came by with a lock of your hair 
She said that you gave it to her 
That night that you planned to go clear 
Did you ever go clear? 

Ah, the last time we saw you you looked so much older 
Your famous blue raincoat was torn at the shoulder 
You'd been to the station to meet every train 
And you came home without Lili Marlene 

And you treated my woman to a flake of your life 
And when she came back she was nobody's wife. 

Well I see you there with the rose in your teeth 
One more thin gypsy thief 
Well I see Jane's awake -- 

She sends her regards. 

And what can I tell you my brother, my killer 
What can I possibly say? 
I guess that I miss you, I guess I forgive you 
I'm glad you stood in my way. 

If you ever come by here, for Jane or for me 
Your enemy is sleeping, and his woman is free. 

Yes, and thanks, for the trouble you took from her eyes 
I thought it was there for good so I never tried. 

And Jane came by with a lock of your hair 
She said that you gave it to her 
That night that you planned to go clear -- 

Sincerely, L. Cohen


 

The Urukele Orchestra

 

 

Dalí & Disney

 

 

Fernando Savater

 

 

Dos cabalgan juntos


         Suele decirse, es casi un lugar común, que los grandes escritores padecen un purgatorio más o menos largo de indiferencia tras su muerte. Algunos salen de él fortalecidos y eternos, otros permanecen incurablemente en el olvido. Pero Albert Camus representa una notable excepción a esta regla: a 50 años de su muerte temprana en un accidente de carretera, su figura intelectual ha aumentado sin cesar de tamaño y es hoy más prestigiosa que nunca.

Aún más sorprendente resulta la casi total unanimidad encomiástica que le rodea. Las polémicas y críticas acerbas que acompañaron la mayor parte de su vida creadora parecen haber desembocado hoy en un plácido estuario de reconocimiento sin fisuras. Resulta casi inevitable preguntarse si tanta aceptación no encierra un malentendido (el propio Camus dijo que el éxito suele implicarlo) o incluso una forma de olvido más soterrada y por tanto más difícilmente remediable.

Desde luego, abundan los motivos para recordar hoy a Camus con especial aprecio y simpatía. Para empezar, los acontecimientos históricos han venido a demostrar que en asuntos esenciales tenía razón: sobre todo en su denuncia del totalitarismo estalinista. Pocos años después de su muerte, Jruschov comenzó pudorosamente a desvelar la realidad atroz de la Rusia soviética, que los más furibundos detractores de Camus se negaban a admitir. A partir de ese momento -y sobre todo desde la caída del muro de Berlín- el comunismo realmente existente perdió casi todos sus abogados intelectuales y ha revelado sin paliativos su fracaso político y su desastre moral. La denuncia de Camus, que en su día fue malinterpretada o denostada, se ha convertido hoy en un tópico que casi todo el mundo suscribe sin rodeos.

Aún más. El lenguaje teológico puesto al servicio del exterminio de seres humanos era uno de los temas fundamentales estudiados en El hombre rebelde. Camus comprendió bien hasta que punto la búsqueda del absoluto puede convertirse en justificación para pisotear los derechos humanos más elementales. Cuando publicó su célebre ensayo, la invocación inquisitorial de motivaciones religiosas para persecuciones y matanzas parecía algo del pasado, pero medio siglo más tarde ha vuelto a ponerse de trágica actualidad.

Entonces se pensaba que las ideologías políticas (nacionalismo, nazismo, bolchevismo, etcétera) habían venido a sustituir al furor teológico de las religiones, pero hoy vemos que -tras la decadencia de esas ideologías digamos "laicas"- son de nuevo las coartadas religiosas las que regresan para legitimar atentados mortíferos, matanzas tribales, deportaciones masivas o bombardeos preventivos.

La denuncia de Camus en su día sonaba a algunos como una concesión al "idealismo" o al "espiritualismo" que desconoce las motivaciones socioeconómicas: resulta hoy una precursora señal de alarma.

Esta denuncia del totalitarismo y del terrorismo, que se adelanta a los acontecimientos venideros, ha conseguido hoy aplauso general para Albert Camus, entre los conservadores de derechas y también entre muchos izquierdistas arrepentidos. Pero este aprecio póstumo puede ocultar, como decíamos, un cierto malentendido y hasta un olvido selectivo de una parte importante del pensamiento político y moral de Albert Camus. Porque en su obra no hay un rechazo global sino más bien una exigencia ética de la rebelión: "Yo me rebelo, luego nosotros somos". Decir "no" y rebelarse contra la injusticia y la desigualdad social ("la sociedad del dinero y de la explotación no se ha encargado nunca, que yo sepa, de hacer reinar la libertad y la justicia"), contra la opresión colonial de los países más desfavorecidos, contra la pena de muerte, contra la utilización de armas atómicas... Todo eso también formó parte central de sus manifestaciones políticas. Albert Camus fue crítico con la revolución que entroniza el terror y la violencia como dioses justicieros, confundiendo la depuración con el camino de la pureza, pero no fue un conformista ni un cínico que acepta sin más -en nombre del orden sacrosanto- los peores manejos de la razón de Estado. Fue moralmente exigente con la rebeldía (sostuvo que en política deben ser los medios quienes justifiquen el fin y no al revés), pero sin duda fue también un rebelde: "La rebelión no es en sí misma un elemento de civilización. Pero es previa a toda civilización".

Probablemente el intelectual del siglo XX con quien más tiene en común Albert Camus, hasta la coincidencia casi desconcertante, es George Orwell. Y no sólo por similitudes biográficas, como que ambos fueron tuberculosos, ambos murieron (aunque por causas distintas) a los 47 años, ambos tuvieron una preocupación especial por la guerra civil de España y su tragedia posterior y ambos padecieron la maledicencia calumniosa de muchos colegas comprometidos con el disimulo o la minimización de la realidad totalitaria comunista. Hay además otras concordancias esenciales. Una de las principales es la importancia concedida al lenguaje y a la sinceridad que lo emplea en busca, ante todo, de la verdad.

Orwell denunció: "El lenguaje político -y con variaciones esto es válido para todos los partidos políticos, desde los conservadores a los anarquistas- es empleado para que las mentiras parezcan verdaderas y el crimen respetable, y para dar apariencia de solidez a lo que es puro humo". Y concluyó: "El gran enemigo del lenguaje claro es la insinceridad".

Por su parte, Camus señaló: "He escuchado tantos razonamientos que han estado a punto de hacerme dar vueltas la cabeza, y que han hecho dar a otros vueltas la cabeza hasta hacerles consentir en el asesinato, que he llegado a comprender que toda la desdicha de los hombres proviene de que no tienen un lenguaje claro. He tomado entonces el partido de hablar y actuar claramente para volver a ponerme en el buen camino. Por consiguiente digo que hay las atrocidades y víctimas, y nada más" (La peste).

Tanto uno como otro fueron explícitamente contrarios al culto del músculo y la fuerza como garantía de eficacia para resolver los conflictos, aunque Camus simpatizó más con el pacifismo y las doctrinas gandhianas de la no violencia (para Orwell "el pacifismo es más una curiosidad psicológica que un movimiento político").

Y ambos criticaron el nacionalismo: Camus escribió a su imaginario amigo alemán que él "amaba demasiado a su país para ser nacionalista" y Orwell unas perspicaces y siempre actuales Notas sobre el nacionalismo en las que dejó caer esta observación de largo alcance: "Todo nacionalista está obsesionado por la creencia de que el pasado puede ser alterado".

Pero cada uno de ellos se interesó a su modo por el patriotismo, entendido como ciudadanía compartida y no como etnia de pertenencia.

Orwell se asombraba en 1940 (probablemente pensando en el grupo de Bloomsbury o gente parecida) de que Inglaterra fuese "el único gran país cuyos intelectuales se avergüenzan de su propia nacionalidad" y deseaba para el futuro que "el patriotismo y la inteligencia volviesen a ir juntos de nuevo".

Por su parte Camus, en el prefacio a sus Crónicas argelinas, en las que expuso una postura que desagradaba a casi todos, dice: "Desde la derecha se ha emprendido, en nombre del honor francés, lo que era más contrario a tal honor. Desde la izquierda, frecuentemente y en nombre de la justicia, se ha excusado lo que era un insulto a toda verdadera justicia. La derecha ha cedido así la exclusiva del reflejo moral a la izquierda, la cual le ha cedido a su vez la exclusiva del reflejo patriótico. El país ha sufrido dos veces".

Tuviesen o no razón en sus opiniones y actitudes políticas, tanto Camus como Orwell fueron librepensadores. Es decir, sostuvieron principios y argumentos, no partidos. Rechazaron algo muy frecuente, el escándalo selectivo, las condenas que siempre barren para casa y silencian lo que perjudica a nuestro convento. Cincuenta años después, reciben incienso de los mismos que hoy excomulgan a quienes se comportan como ellos: la hipocresía es el tardío homenaje que el sectarismo rinde a quienes han dejado de ser molestos. ¿Victoria póstuma o dulce derrota definitiva?


 

Escepticismo y big bang

 


«Cultura vudú».

 

Estaba cantado que en algún lugar de los periódicos iba a encontrarme con el sintagma. Y es que alguien ha debido de hacerles vudú a los pobres haitianos. En algún lugar, pero no, desde luego, en la columna del divulgador científico Punset.

«Antes de inaugurar allí mi residencia de tres años, yo estaba convencido de la importancia de la ciencia y la tecnología; en otras palabras, que el ritmo de los cambios técnicos era más rápido y duradero que los cambios mentales. En Haití descubrí que aquellos podían palidecer y hasta desvanecerse bajo el influjo de la cultura vudú.»

 

No habría estado de más que Punset hubiese aludido al influjo de las matanzas de los Duvalier y a la utilización (puramente medieval) que hicieron de la santería para mantenerse en el poder.

Otro párrafo:

«Bastaba con contemplar a Origènes, el tonton-macoûte que me hacía de chófer, relacionarse con la gente, para descubrir que sabía menos política monetaria que yo, pero mil veces más de la química del amor y de las emociones humanas, del impacto del ritmo de la música y de la pintura naif en el alma naif. Desde entonces tengo una visión más equilibrada de la vida y del universo.»

 

Los tonton, es decir, los matones de los Duvalier. Bien, de acuerdo, no todos lo serían. Pero ese «mil veces más». Ese obsceno tópico dualista de que la razón reemplaza a la emoción. Que la aniquila.

 

*

La pregunta de Edge.

 

Menos interesante que la de otros años. Y más previsible. Y hasta un punto magufa. Porque, en efecto, la hipótesis de que internet haya cambiado nuestro modo de pensar parece más poética que científica. Pensamiento geek. En este sentido, la respuesta de Pinker es convincente y terminante. Me interesa mucho lo que dice Rich Harris, como siempre. Que poco tiene que ver con la pregunta.

«Internet dispensa información del modo en que un bote de ketchup dispensa ketchup. Al principio había muy poca, ahora hay mucha. En medio, hubo la quietud del punto medio (just-enoughness). Para mí duró diez años. Fueron los mejores años de mi vida.»

 

Humm... Tan nuevo e internet ya segrega melancolías. El estilo extraño, tan seductor, de pensar y de decir de Harris. Quizá haya algo veraz ahí que sobrepasa la melancolía y los buenos tiempos previos a que los bárbaros descubrieran la red. Algo más, tal vez, que la constatación de que todo acaba por joderse.

Hace diez años ocurrió el big bang. Y estamos saliendo del paraíso. Es decir que lo bueno viene ahora. Pero duele, claro. Lo real duele.

 

 

Metallica

 

 

Lola

 


       La posición más ingenua de todas: creer que uno habita, sin perder la compostura, en ese mundo oscuro tan fértil para el arte.


 

Crucifijos y escuelas públicas (II)

 

 

Si no quitan el crucifijo del aula que pongan también una foto de Obi Wan

 

a) 

 

- Yo entiendo que el Tribunal de Estrasburgo considere que un gobierno laico no debe colocar símbolos religiosos en las aulas y solicite su retirada.

- Que la sola presencia de una figurita de plástico o madera vulnere
"la libertad religiosa de los alumnos" y el "derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones" me parece un tanto forzado.

- Ahora bien, el mecanismo por el cual se le hayan podido causar a esta señora daños de tanto valor es cosa que se me escapa. Igual los nenes son fruto de un rollete con el demonio, se les gira la sesera a la vista de un crucifijo y la mujer se deja una pasta en traumatólogos. La noticia, lamentablemente, no lo aclara.

Indemnización.- El Capitán Achab

 

b) 

 

Después de todo, si se puede usar la calle para celebrar públicamente  la victoria una victoria del Barça ¿por qué no se va a poder celebrar la resurrección de Cristo? El ágora, ya se sabe, es todos y por tanto no es de nadie… o al revés, elijan.

Pero la gran confusión está en el uso del término «espacios públicos», como si el término se aplicara de igual forma a la calle y a los espacios institucionales, o como si éstos fueran una prolongación sin más de aquélla. Porque el espacio institucional es público también, pero lo es de una forma muy distinta a como lo son las calles.

En general, el espacio institucional debe ser objeto de un especial cuidado, por lo que en él los procedimientos son especialmente estrictos y reglamentados. Ese cuidado también pasa por mantener la asepsia simbólica. No diré neutralidad, porque no es exacto decir que los símbolos institucionales deban ser neutros. Por ejemplo, nuestras instituciones no tienen por qué ser neutrales a la hora de expresar la defensa de la democracia, o de la libertad de expresión, o del derecho a la propiedad privada. Mucho mejor que decir de las instituciones que deben ser «neutrales» es considerar que éstas deben ser «canónicas». Porque eso es lo que ellas representan: el canon cívico de un país.

Crucifijos, espacio público y espacio institucional.- Filoblog

 

c) 

 

La mayoría de los promotores de esta legislación parecen aceptar que la escuela privada debe quedar al margen, pero aún así su enfoque es tramposo: alegan neutralidad porque respetan la enseñanza religiosa privada pero simultáneamente defienden la casi total nacionalización de la enseñanza. El resultado es el mismo: la imposición de una educación laica a la inmensa mayoría de los alumnos contra la voluntad de muchos padres.

La engañifa de la neutralidad laica.-Albert Esplugas

 

d) 

 

El otro argumento oculto en este debate es el miedo a la secularización, o dicho en términos más claros, el pánico de las iglesias ante la pérdida de sus cuotas tradidionales de mercado y de influencia política. Un miedo típicamente "chestertoniano" o "dostoyevskiano", por cierto, que nada tiene que ver con lo factual.

Las sociedades mas secularizadas del mundo, como ha mostrado recientemente 
Phil Zuckerman, no son más nihilistas que las más religiosas. Por el contrario, todo indica que los entornos cívicos más saludables del mundo son también los más secularizados, entornos en los que ya no es preciso tomarse por la tremenda los dogmas del más allá, donde se practica la tolerancia y se respeta la ciencia. Ni siquiera el Terror moderno se explica por el nihilismo secular, como ha intentado defender de forma tan gratuita Glucksmann: los terroristas (sean religiosos o étnico-culturales) son, al revés, "creyentes verdaderos", dualistas radicales que si se caracterizan por algo es por la dramática resistencia a la secularización.

Esto no significa, por supuesto, que las religiones "lo envenenen todo". 
Tom Rees ha argumentado que las creencias y las instituciones religiosas son remedios relativamente eficaces en particular en sociedades disfuncionales. Cuando hay malestar social, la religión es mejor, pero lo óptimo es resolver el malestar social.

Todos los símbolos religiosos deben ser abolidos del espacio institucional.- La revolución naturalista

 

e)

 

La presencia del Crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento ni aún al de los racionalistas y ateos; y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales. ¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? ¿Una hoz y un martillo? ¿Un compás y una escuadra? O ¿qué otro emblema confesional? Porque hay que decirlo claro y de ello tendremos que ocuparnos: la campaña es de origen confesional. Claro que de confesión anticatólica y anticristiana. Porque lo de la neutralidad es una engañifa.

Miguel de Unamuno

 

f)

 

Al final, sólo ocurre una sustitución de símbolos visibles –y por tanto reconocibles e impugnables- por otros invisibles y más difíciles de identificar y combatir.

Velando armas contra los símbolos.-Bartleby

 

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Sinopsis

 

Ricardo:

La democracia es el gobierno de la mayoría, luego en los países en que la mayoría sea católica, lo democrático es efectivamente llenar los espacios públicos de crucifijos, y prohibir cualquier expresión de otros credos.

Eduardo:

Con esa concepción puramente cuantitativa de la democracia, lo mismo nos valdría el nazismo o la dictadura del proleteriado.

 

Albert:

Una pared sin crucifijo invita a no pensar en Dios o en la religión, que es precisamente lo que quieren fomentar unos y evitar otros.

Eduardo:

Tienes razón, Albert, en cuanto ven una pared de un aula sin crufijo, los niños de hoy se ponen a pensar en el silencio de Dios, a sentir angustia existencial, y a pedirle al laico Papa Noel "El espejismo de Dios" de Richard Dawkins.

 

Post pasteloso (me ha apetecido)

 

 

 

 

El periodismo se compra

 

 

Los hechos se han convertido en opiniones y las opiniones en hechos

 

 

At funerals / at weddings / it's the worst

 

 

"Tan de repente, quién lo hubiera dicho"
"los nervios y el tabaco, yo se lo advertí"
"más o menos, gracias"
"desenvuelve estas flores"
"su hermano también murió del corazón, seguramente es de familia"
"con esa barba jamás lo hubiera reconocido a usted"
"él tiene la culpa, siempre andaba metido en líos"
"he de hablarle pero no lo veo"
"Casimiro está en Varsovia, Tadeo en el extranjero"
"tú sí que eres lista, yo no pensé para nada en el paraguas"
"qué importa que fuera el mejor de ellos"
"es un cuarto de paso, Bárbara no estará de acuerdo"
"es cierto, tenía razón, pero eso no es motivo"
"barnizar la puerta, adivina por cuánto"
"dos yemas, una cucharada de azúcar"
"no era asunto suyo, por qué se metió"
"todos azules y sólo números pequeños"
"cinco veces, y nunca contestó nadie"
"vale, quizá yo haya podido, pero tú también podías"
"menos mal que ella tenía ese empleo"
"no lo sé, tal vez sean parientes"
"el cura, un verdadero Belmondo"
"no había estado nunca en esta parte del cementerio"
"soñé con él hace una semana, fue como un presentimiento"
"mira qué guapa la niña"
"no somos nadie"
"denle a la viuda de mi parte... tengo que llegar a"
"y sin embargo en latín sonaba más solemne"
"se acabó "
"hasta la vista, señora"
"¿qué tal una cerveza?"
"llámame y hablamos"
"con el tranvía cuatro o con el doce"
"yo voy por aquí"
"nosotros por allá"

 

*


No man is an island entire of itself; every man
is a piece of the continent, a part of the main;
if a clod be washed away by the sea, Europe
is the less, as well as if a promontory were, as
well as any manner of thy friends or of thine
own were; any man’s death diminishes me,
because I am involved in mankind.
And therefore never send to know for whom
the bell tolls; it tolls for the
e.

 

 

 

Corporativismo y grados de responsabilidad

 

 

       Nunca dije que yo no lo practique. Pero dicen que dice Almodóvar: "Deploro, denuncio y me aterra este modo de hacer justicia a la americana" en referencia a la imprescriptibilidad de los delitos contra menores por aquellas tierras, cuando el imputado es Roman Polanski. 

 

*

        Y hoy me encuentro un dogma de fe: Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas suele referirse a doctrinas contrarias a las suyas.

 

*

            Hay alguna sopresa porque el juez del caso Palomino haya invocado el odio ideológico en su condena. No puede provenir de la ley. El Código Penal especifica con mucha claridad que el crimen se agrava cuando se comete «por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, etnia, raza o nación a la que pertenezca». La sorpresa proviene del pensamiento popular, que tiende a creer que la ideología (la política) no agrava sino atenúa; que un criminal por los ideales es mucho más transigible que un crimen por hambre o por vicio. Siempre y cuando los ideales, desde luego, vayan asociados a una cierta o sólo aparente sofisticación intelectual.

(...)

        Durante mucho tiempo, y desde buenas cabezas, se ha tratado de negar a los terroristas de ETA el carácter político de su conducta. Son delincuentes, son mafiosos, se ha dicho. La objeción tiene el mismo sentido que asegurar que Hitler ordenó la solución final mientras escuchaba una obertura de Wagner. Abreva en un fondo de ingenuo respeto y benevolencia hacia la inteligencia y la sensibilidad, y hacia los ideales. Que matan, y además lo hacen con un blindado corazón heroico.