Chema Madoz
I
Nos vemos como en verdad actuamos:
de cada esquina viene una distintiva ofrenda.
El tren viene trayendo alegría;
Las chispas que prende iluminan la mesa.
El destino guía al piloto acuático, y éste es el dentino.
Hace mucho que no habíamos escuchado tntas noticias, tanto ruido.
El día fue tibio y placentero.
"Te vemos en tus cabellos,
el aire descansando en la cima de las montañas."
II
Una fina lluvia unta la maquinaria del canal.
Este es quizá un día de honestidad general
sin parangón en la historia de la humanidad
Aunque los gases no son de singular autoridad
en verdad son secos como cualquier necesidad.
Unidades terribles están sobre un anciano
en la sombra azul de algunas latas de pintura
Como dicen los sonrientes cadetes, "Por la tarde
cada cosa tiene su horario, si es que logras descubrir cuál."
Los judíos se van. Ella venía de Ucrania, fue acogida por la generación del 45 brasileño, desprendía endemetrio y murió —morire sua morte— de cáncer de ovario. Bella como una orquídea, adalid de la palabra transida. Cuando merodea Ulises por Aprendizaje o El libro de los placeres se pierde una sirena de Herbert Draper.
Fue entonces cuando habían comenzado los encuentros: ella sólo parecía querer aprender de él algo y se había engañado pensando que quería aprender por el hecho de ser Ulises profesor de Filosofía, usándolo con esa esperanza. Cuando ésta murió, al ver que él no tenía la menor intención de enseñarle un modo de vivir filosófico o literario, ya era tarde: estaba sujeta a él porque quería ser deseada, sobre todo gustaba de ser deseada medio salvajemente cuando él bebía de más. Ya había sido deseada por otros hombres pero era nuevo tener a Ulises queriéndola y esperando con paciencia —incluso cuando estaba borracho, lo que no le dejaba fuera de control— y esperando con paciencia que ella estuviera preparada, mientras él mismo decía de sí mismo que estaba en pleno aprendizaje, pero tan lejos de ella que ella se transformaba en ínfimo cuerpo vacío y doloroso, únicamente eso. Y ella le anhelaba porque precisamente él le parecía ser el límite entre el pasado y lo que viniese —¿lo que vendría?—.
No busque nadie los bigotes de Nietzsche en Hombre y superhombre, 1.903; sí, acaso, el puro teatro del Don Juan eterno, tan acomodado a la representación dentro de la representación. Antojo de aceite sobre el agua: `Máximas para revolucionarios´.
Si la inteligencia más obscura puede medir a la más elevada y clara, como con un metro se mide una pirámide, debe haber una finalidad en el sufragio universal. Tal como es, el problema político no tiene solución.
La democracia implanta la elección de los muchos incompetentes que eligen a los pocos corrompidos.
Las repúblicas democráticas no pueden privarse más de los ídolos nacionales que las monarquías de los funcionarios públicos.
El gobierno no presenta más que un solo problema: el descubrimiento de un método seguro y antropométrico.
Érase una vez un (sur)realista mágico buscando títulos poéticos. Gustaba de reunirse con sus amigos en torno a sus cuadros, todavía inconclusos, deseoso de escuchar y desatender sugerencias. El misterio ni Poppins ni Astaire lo entienden del todo. Les vacances de Hegel, 1.958.
Creo que a Hegel le hubiera gustado este objeto que cumple dos funciones opuestas: repeler y recibir agua. Ciertamente le hubiese divertido, tal como uno se divierte durante las vacaciones.