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Julio Camba

 

 

 

Todas las pompas son fúnebres.

 

 

W. H . Auden

 

 

 

 

 

Musée des Beaux Arts

 

Sobre el dolor jamás se equivocaban
los Antiguos Maestros: comprendían muy bien
su expresión en el hombre; cómo ocurre
mientras algún tercero está comiendo, o abriendo una ventana 
o simplemente caminando por ahí;
cómo, mientras que los ancianos esperan con pasión y reverencia
el nacimiento milagroso, siempre debe haber chicos
sin interés particular porque aquello suceda, patinando
en un lago adonde empieza el bosque:
y tampoco olvidaban
que el terrible martirio debía seguir su curso,
aun en otra parte, en un rincón mugriento 
donde los perros siguen con su vida perruna y el caballo del torturador
se rasca su inocente trasero en algún árbol.
Por ejemplo, en el 
Ícaro de Brueghel: cómo cada elemento
da la espalda al desastre despreocupadamente; quizás el labrador
escuchó el chapuzón, el grito ahogado,
pero eso para él no era motivo de inquietud; el sol brillaba
como debía brillar sobre las piernas blancas que desaparecían
bajo las aguas verdes; y ese barco, tan caro y elegante,
que ha de haber asistido a algo asombroso, un chico desplomándose del cielo,
tenía que llegar a algún lugar, y siguió navegando mansamente.

.

 

Julio Martínez Mesanza

 


CONTRA UTOPÍA 


Si esta ciudad existe, mis jinetes
la harán ceniza. Nada enseña a un hombre.

 

 

Gran Hermano

 

 

Polakoooo

 

Aristófanes

 

 

              PRAXÁGORA.-(A los espectadores.) Pues bien; que nadie me contradiga ni interrumpa antes de conocer mi sistema y de haberme oído. Quiero que todos los bienes sean comunes, y que todos tengan igual parte en ellos y vivan de los mismos; que no sea éste rico y aquél pobre; que no cultive uno un inmenso campo y otro no tenga donde sepultar su cadáver; que no haya quien lleve cien esclavos y quien carezca de un solo servicio; en una palabra: establezco una vida común e igual para todos.

BLÉPIRO.-¿Cómo podrá ser común a todos?

PRAXÁGORA.-(Con un movimiento de impaciencia.) Comiendo tú estiércol antes que yo.

BLÉPIRO.-¿También será común el estiércol?

PRAXÁGORA.-¡No, por Zeus! Pero me has interrumpido. Iba a decir que haré primero comunes los campos, el dinero y las demás propiedades. Y después, con todo este acervo de bienes, os alimentaremos, administrándolos económica y cuidadosamente.

BLÉPIRO.-¿Y el que no posea tierras, sino dinero, dáricos y otras riquezas que no están a la vista?

PRAXÁGORA.-Las aportará al acervo común; de lo contrario será reo de perjurio.

BLÉPIRO.-Es decir, por lo mismo como las ganó.

PRAXÁGORA.-Pero no le servirán absolutamente de nada.

BLÉPIRO.-¿Por qué?

PRAXÁGORA.-Porque nadie hará nada impelido por la pobreza. Todo será de todos: panes, pescados, pasteles, túnicas, vinos, coronas, garbanzos. ¿Qué provecho se obtendría de no ponerlo todo en común? Dinos tu opinión sobre esto.

BLÉPIRO.-¿Los que disfrutan de todas esas cosas no son, hoy, los que más roban?

PRAXÁGORA.-Hasta ahora, sí, amigo mío; pero cuando todo sea común, ¿qué provecho podrá haber en no traer su parte?

BLÉPIRO.-Si alguno ve a una linda muchacha y desea gozar de sus encantos, con los bienes reservados podrá hacerla un obsequio, y de este modo obtener su amor, sin dejar de percibir su parte de los bienes comunes.

PRAXÁGORA.-Es que lo podrá obtener gratis. Pues yo haré que las mujeres sean también comunes, de suerte que puedan acostarse con los hombres y hacer hijos con cualquiera.

BLÉPIRO.-¿Pero cómo podrá ser así si todos se dirigirán a la más bonita y tratarán de poseerla?

PRAXÁGORA.-Las más feas e imperfectas estarán junto a las más lindas, y todo el que solicite a una de éstas deberá antes consumir un turno con las primeras.

BLÉPIRO.-Pero ¿no ves que, conforme a tu sistema, los ya machuchos flojearemos cuando lleguemos a las hermosas?

PRAXÁGORA.-No les dará ningún cuidado.

BLÉPIRO.-¿De qué?

PRAXÁGORA.-Tranquilízate, no les importará gran cosa.

BLÉPIRO.-¿El qué te digo?

PRAXÁGORA.-Acostarse o no acostarse con viejos como tú.

BLÉPIRO.-Veo que, en cuanto a vosotras, habéis tomado todas las precauciones para que ninguna carezca de galán. Pero ¿y los hombres? ¿Qué haremos? Porque es de suponer que las mujeres rechazarán a los feos y se entregarán a los hermosos.

PRAXÁGORA. Los feos acecharán a los hermosos al salir de los banquetes y en los lugares públicos y tampoco se permitirá que las mujeres cohabiten con los buenos mozos sin haber cedido antes a las instancias de los deformes y chiquitejos.

BLÉPIRO.-De suerte que la nariz de Lisíscrates, el chato, podrá competir ahora con los más gallardos mancebos.

PRAXÁGORA.-¡Sí, por Apolo! Esta decisión es eminentemente democrática. ¡Qué mortificación para esos vanitontos que llevan los dedos cargados de sortijas, cuando un viejo calzado con gruesos zapatones le diga: Amigo mío deja el paso al más anciano; espera a que yo haya concluido; resígnate a ser plato de segunda mesa.

BLÉPIRO.-Pero si vivimos de esa manera, ¿cómo podrá cada cual reconocer a sus propios hijos?

PRAXÁGORA.-¿Y para qué? Los jóvenes considerarán como padres a todas las personas de más edad.

BLÉPIRO.-Pero entonces, a pretexto de ignorarlo, ¿no estrangularán sin ningún empacho a todo viejo, cuando ahora lo hacen, sabiendo a ciencia cierta que son sus padres?

PRAXÁGORA.-Nadie lo permitirá, de ahora en adelante. Antes, a nadie le importaba que apaleasen a los padres ajenos; pero ahora todo el mundo, en cuanto oiga que ha sido maltratado un anciano, le defenderá en la duda de si será su propio padre.

 

 

Carlos Saura

 

 

          Los tambores de Calanda. No me puedo quitar de la cabeza al novio inglés de A., que preguntó si eran del Ku Klux Klan nada más verlos. En pantalla gigantesca y nítida apabullan, en todo caso. Será esto: nadie visto de cerca es normal. El otro día escuché -todavía no tomo posición ante las teorías conspirativas, pero ahí va- que todo se reduce a la guerra mundial entre las 3 religiones monoteístas, y el cristianismo va perdiendo.

 

*

 

              Yo creo que hay un denominador común en casi todas las músicas del mundo. Hay dos vertientes y hay una que me interesa a mí especialmente, que es la vertiente dramática. Es la vertiente que yo encuentro en las rancheras frente a los corridos mexicanos. Es la visión más dramática de las cosas. O en el tango, que es, como decía Discépolo, una música triste que se baila, o un canto triste que se baila. Lo que encuentro en Bambino, por ejemplo, que no encuentro en Peret. La pasión por la vida, la emoción y a la vez la tristeza, la melancolía que aparecen en todas estas canciones. (...) Incluso en el flamenco, por ejemplo, me interesa muchísimo más el cante jondo que una sevillana. (...) Me gusta más ese lado trágico o solemne que tiene el flamenco más purista frente a algo más festivo como puede ser la rumba, en teoría, o la sevillana. (...) Lo que sí que tengo muy claro es que la jota, el blues, las rancheras, y cuanto más tradicional sea la música, están trabajando en una serie de armonías que son exactamente las mismas. 

 

The end

 

*

 

              The end nunca es the end. Mi Dj favorita invita a romper la hora, en la Semana Santa de Híjar, ante lo cual las percusiones de Calanda palidecen. 

 

Michael Oakeshott

 

 

 

                La búsqueda de la perfección en línea recta es una actividad a la vez impía e inevitable de la vida humana. Implica los castigos de la impiedad (la ira de los dioses y el aislamiento social), y su recompensa no es la del logro sino la de haber hecho el intento. Por lo tanto, es una actividad adecuada para individuos, pero no para sociedades. Porque para un individuo que se ve impulsado a realizarla, la recompensa puede superar al castigo y a la derrota inevitable. El penitente puede aspirar, o aun esperar, que caerá como un héroe herido en los brazos de una sociedad comprensiva y perdonadora. E incluso el impenitente puede reconciliarse consigo mismo en la poderosa necesidad de su impulso, aunque, como Prometeo, debe sufrir por ello. En cambio, para una sociedad, el castigo es un caos de ideales en conflicto, la perturbación de una vida en común, y la recompensa es el renombre que corresponde a una locura monumental. 'A mesure que l’humanité se perfectionne l’homme se dégrade'. O bien, para interpretar el mito con mayor ligereza: la vida humana es un juego de azar; pero mientras que debe permitirse al individuo apostar de acuerdo con su inclinación (al favorito o al otro), la sociedad siempre debe respaldar a la banca.

 

Leopoldo María Panero

.

.-

Para evitar los ladrones de bolsos

.

            Cuca está hueca. Sí, ¿no sabías? Le quitaron la matriz, los ovarios, todo. Quizá por eso él la llama Hiroshima Mon Amour. Sí, mujer, y ella se cree que no se ha enterado nadie. Y en realidad todo el mundo finge ignorarlo, no sólo, naturalmente, ante ella. Sí, sí, yo creo que lo saben, que sí, mujer, cómo no lo van a saber. Fíjate qué importancia le da a la cosa. No, no, a mí la matriz no me la quitaron, pero sin embargo yo misma se lo conté a todo el mundo como la cosa más natural. No, cómo iba a llevar un vestido malva. Y qué obsesión que si la miran, que si la tocan. Y nadie la mira, ¡cómo la van a mirar! y nadie la toca. Qué cosas tienes. Sí, sí, pues dice fíjate que si por un momento se olvida de correr bien los visillos, y se ha quitado las medias, ¿qué otra cosa iba a decir, la pobre? En seguida ¡plaf! los curiosos, como les llama ella, se asoman a la ventana de enfrente, del patio. Los curiosos. Algo así como los ovnis, los curiosos.

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W. S. Marvin

 

 

 

Your absence has gone through me
Like thread through a needle.
Everything I do is stitched with its color.

 

 

 

Carl Spitzweg

  

 

 

El pobre poeta

 

Jesús Lizano

 

 

Entré
y allí tenía la silla,
mi silla.
Nadie iba a sentarse,
nadie iba a ocupar mi puesto.
Cuando te contratan,
si es que te contratan,
va incluida la silla.
Allí te pasas
todo el tiempo, sentado
y bien sentado.
a eso sí, te levantas
de cuando en cuando
(también en las galeras
se levantaban de cuando en cuando).
Pero debes volver a ella,
el Ojo te vigila,
muchos ojos alerta.
Debes cumplir
el encargo...
La silla y tú,
eso sí que es dialéctica.
Yo soy yo y mi silla,
debió decir Ortega.
Pero Ortega
era un metafísico,
un metasillas:
qué sabía de sillas,
qué sabía de cuerdas
de presos.
No lo parece
pero esa silla
es una silla de ruedas,
es una silla eléctrica:
descargas lentísimas que te anulan,
que te esclavizan
sin darte cuenta
(y aunque te des cuenta).
Allí tenía mi silla
y si me fuera de allí
allí a donde fuera
me esperaría una silla.
Para el sillero
es evidente, es evidente,
que yo soy
la circunstancia de la silla...
La cuestión es tener
unas cuantas sillas
y mantener sentados, bien sentados,
a los que llegan.
(La Empresa...).
Y sillas en los teatros,
sillas en las escuelas,
sillas en las iglesias
(esas
que se llaman bancos),
sillas en los ateneos,
en las salas de espera
(qué es el mundo
sino una inmensa sala de espera).
Y sillas en las casas,
el alma llena de sillas.
Nacer
es sentarse en la silla
que te encuentras.
Me paso la vida vomitando sillas,
arrojando sillas,
sacando de mis sueños las sillas...
¡Hay que quemar todas las sillas!
Y aquí estoy:
en mi silla.

.

Juan Bonilla

 

 

               «Cuando murió (…) sus amigos entraron por primera vez en la habitación de Arcuell en la que había ido resistiendo los embates del tiempo durante treinta años en los que había dejado pasar más que algún perro perdido. Allí descubrieron, con asombro horrorizado, en una orgía de objetos cubiertos por el polvo, unas cuantas cajas de puros que contenían, cuidadosamente ordenados, más de cuatro mil rectángulos minúsculos de inmaculado papel, sobre los que el músico había caligrafiado meticulosas descripciones de paisajes imaginarios, inverosímiles personajes, dibujos, inscripciones burlescas, greguerías, palabras sueltas, inexistentes órdenes religiosas e imposibles instrumentos musicales (…). En uno de esos rectángulos se leía: “Me llamo Erik Satie, como todo el mundo”.»

 

Jordi Isern

 

 

 

 

Jorge Teillier

 

 

Veré nuevos rostros
Veré nuevos días
Seré olvidado
Tendré recuerdos
Veré salir el sol cuando sale el sol
Veré caer la lluvia cuando llueve
Me pasearé sin asunto
De un lado a otro
Aburriré a medio mundo
Contando la misma historia
Me sentaré a escribir una carta
Que no me interesa enviar
O a mirar a los niños
En los parques de juego.

Siempre llegaré al mismo puente
A mirar el mismo río
Iré a ver películas tontas
Abriré los brazos para abrazar el vacío
Tomaré vino sí me ofrecen vino
Tomaré agua si me ofrecen agua
Y me engañaré diciendo:
"Vendrán nuevos rostros
Vendrán nuevos días".


Del aniversario

 

Alexander Pope

 

 

La puerta es estrecha y pocos la encuentran

.

*

.

In vain, in vain—the all-composing hour
Resistless falls: The Muse obeys the Pow’r.
She comes! she comes! the sable throne behold
Of Night primeval, and of Chaos old!
Before her, Fancy’s gilded clouds decay,
And all its varying rainbows die away.
Wit shoots in vain its momentary fires,
The meteor drops, and in a flash expires.
As one by one, at dread Medea’s strain,
The sick’ning stars fade off th’ ethereal plain;
As Argus’ eyes by Hermes’ wand oppress’d,
Clos’d one by one to everlasting rest;
Thus at her felt approach, and secret might,
Art after Art goes out, and all is Night.
See skulking Truth to her old cavern fled,
Mountains of Casuistry heap’d o’er her head!
Philosophy, that lean’d on Heav’n before,
Shrinks to her second cause, and is no more.
Physic of Metaphysic begs defence,
And Metaphysic calls for aid on Sense !
See Mystery to Mathematics fly!
In vain! they gaze, turn giddy, rave, and die.
Religion blushing veils her sacred fires,
And unawares Morality expires.
Nor public Flame, nor private , dares to shine;
Nor human Spark is left, nor Glimpse divine !
Lo! thy dread Empire, Chaos! is restor’d;
Light dies before thy uncreating word:
Thy hand, great Anarch! lets the curtain fall;
And universal Darkness buries All.

 

 

José Carlos Becerra

 

 

            Cada uno debe entrar en su propio degüello, cada uno retocando su respiración, cultivando sus excepciones a la regla, sus moluscos solares,
haciendo sus abstinencias más inclementes y más diáfanas
porque la luz debe romperse allí, la eternidad debe dejar caer un guijarro en ese gemido.
Recuerden la niñez de vuestra madre, la niñez de vuestra muerte;
solitarios del mundo y de todos los deseos,
inoculados por el lagarto y el pájaro que se enfrentan en todas las intenciones de la sangre.
Ustedes han sentido la máscara y la falsificación de la máscara: el rostro
en los invernaderos de las pequeñas, inútiles ceremonias que todavía nos conmueven.

Bajo la luz de una luna parecida a la desnudez de las antiguas palabras,
escuchen este ritmo, esta vacilación de las aguas,
la noche está moviendo sus ruedas oscuras, estas palabras llevan ese significado,
y yo me dejo arrastrar por aquello que quiero decir: aquello que ignoro,
y he aquí que la frase delibera su propio silencio.

Oh noche casual de estas palabras,
oh azar donde la frase regresa a su silencio y el silencio retorna a la primera frase,
en el lenguaje aparecen de nuevo los primeros caracoles, las primeras estrellas de mar,
y las bestias de la niebla ponen su vaho en los nuevos espejos.

Aquel que diga la primera palabra dejará caer el primer vaso,
aquel que golpee su asombro con violencia verá aparecer el fuego en sus cabellos,
aquel que ría en voz alta será el primero en guardar silencio,
aquel que despierte antes de tiempo sorprenderá a su esqueleto haciéndole señas extrañas a los árboles;
y el mar, como un síntoma interrumpido, vuelve de nuevo a oírse a los lejos
y en su respiración otra vez escuchamos el ruido de esa puerta
que bate azotada por el viento del infinito.

Nace la luna sobre el mar como una antigua mirada del hombre.

En el puerto se van encendiendo las primeras luces.

.

Claudio Magris

 

¿Cuándo termina la película, papá?

 

 

             Hay que seguir viviendo, se dice después de cada muerte: y Bernanos se preguntaba si no era eso precisamente lo horrible.

 

 

Ted Hughes

 

 

Only two months dead
And there you were, suddenly back within reach.
I got on the Northern Line at Leicester Square
And sat down and there you were. And there
The dream started that was no dream.
I stared and you ignored me.
Your part in the dream was to ignore me.
Mine was to be invisible --- helplessly
Unable to manifest myself.
Simply a blank, bodiless gaze --- I rested
The whole weight of my unbelieving stare
On your face, impossibly real and there.
Not much changed, unchanging under my pressure.
You only shuddered slightly as the carriage
Bored through the earth Northward.
You seemed older --- death had aged you a little.
Paler, almost yellowish, as you had been
In the morgue, but impassive.
As if the unspooling track and shudder of the journey
Were the film of your life that occupied you.
Your gaze, inward, resisted my gaze.
Your basket on your knee, heavy with packages.
Your handbag on a long strap. Your hands
Folded over the heap Unshifting
My gaze leaned against you as a gaze
Might lean its cheek on a hand. The impossible
Went on shraing your slight shuddering, your eyelids,
Your lips lightly pursed, your melancholy.
Just as in the dream that insists
On the plainly impossible, and lasts
Second after second after second,
Growing more and more incredible ----
As if you slowly turned your face and slowly
Smiled full in my face, daring me
There, among the living, to speak to the dead.
But you seemed not to know the part you were playing.
And, just as in the dream, I did not speak.
Only tried to seperate the memory
Of your face from this new face you wore.
If you got out at Chalk Farm, I told myself,
I would follow you home. I would speak.
I would make some effort to seize
This offer, this saddened substitute
Returned to me by death, revealed to me
There in the Underground --- surely as if
For my examination and approval.
Chalk Farm came. I got up. You stayed.
It was the testing moment.
I lifted your face from you and took it
Outside, onto the platform, in this dream
Which was the whole of London’s waking life.
I watched you move away. carried away
Northwards, back into the abyss,
Your real new face unaltered, lit, unwitting,
Still visible for seconds, then gone,
Leaving me my original emptiness
Of where you had been and abruptly were not.
But everything is offered three times.
And suddenly you were sitting in your own home.
Young as before, untouched by death. Like
A hallucination --- not to be blinked away.
A migraine image --- warping my retina.
You seemed to have no idea you were yourself.
Even borrowing the name of your oldest rival ---
As if it had lain handiest. Yet you were
So much youself my brain’s hemispheres
Seemed to have twisted slightly out of phase
To know you you yet realise that you
Were not you. To see you you and yet
So brazenly continuing to be other.
You had even kept your birthdate --- exact
As a barb on the impossibility.
And lived only two miles from where we had lived.
Other spirits colluded in a support team
Of new parents for you, a new brother.
You courted me all over again --- covertly.
I breathed a bewildering air --- the gas
Of the underworld in which you moved so easy
And had your new being. You told me
The dream of your romantic life, that had lasted
Throughout our marriage, there in Paris --- as if
You had never returned until now.
Death had repossessed your talent. Or maybe
Had converted it to a quieter thing ---
A dumbly savage longing, a submerged
Ferocity of longing in eyes
So weirdly unaltered. I struggled awhile
In my doubled alive and dead existence.
I thought: ’This is coincidence -- the mere
Inertia of my life’s momentum, trying
To keep things as they were, as if the show
Must at all costs go on, same masks, same parts,
No matter who the actors.’ Gasping for air,
At the bottom of the Rhine, barely conscious,
Indolently like somebody drowning
I kicked free.
Your gentle ultimatum relaxed its hold.
True to your ghostly humour, next thing
You sent me a pretty card from Honolulu.
After that, an afterworld momento,
Every year a card from Honolulu.
It seemed you had finessed your return to the living
By leaving me as you bail, a hostage stopped
In the land of the dead.
Less and Less
Did I think of escape.
Even in my dreams, our house was in ruins.
But suddenly --- the third time --- you were there.
Younger than I had ever known you. You
As if new made, half a wild roe, half
A flawless thing, priceless, faceted
Like a cobalt jewel. You came behind me
(At my helpless moment, as I lowered
A testing foot into the running bath)
And spoke --- peremptory, as a familar voice
Will startle out of a river’s uproar, urgent,
Close: "This is the last. This one. This time
Don’t fail me."

 

 

John Milton

 

 

Weep no more, woeful shepherds, weep no more,
For Lycidas your sorrow is not dead,
Sunk though he be beneath the wat’ry floor.

Return to Paradise (TNY) .

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Antonio Gamoneda

 

 

Amé todas las pérdidas.

Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.

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Psst/

Keats 

Sí, sí :D