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Ingmar Bergman

 

 

I wish this had subtitles

 

                 Don´t you think I understand? The hopeless dream of being. Not seeming, but being. Consious at every moment. Vigilant. At the same time the chasm between what you are to others and to yourself. The feeling of vertigo and the constant desire to at last be exposed. To be seen through, cut down, perhaps even annihilated. Every tone of voice a lie, every gesture a falsehood, every smile a grimace. Commit suicide? Oh, no. That´s ugly. You don´t do that. But you can be immobile, you can fall silent. Then at least you don´t lie. You can close yourself in, you can shut yourself off. Then you don´t have to play roles, show any faces or make false gestures. You think... But you see, reality is bloody-minded. Your hideout isn´t watertight. Life seeps in everything. You´re forced to react. No one asks if it´s real or unreal, if you´re true or false. It´s only in the theatre the question carries weight. Hardly even there. I understand you, Elisabet. I understand you´re keeping silent, you´re immobile. That you´ve placed this lack of will into a fantastic system. I understand and admire you. I think you should maintain this role until it´s played out. Until it´s no longer interesting. Then you can leave it. Just as you bit by bit leave all your other roles.

 

 

Vik Muniz

 

Che Frijol (2000) 

 

Eugenio Recuenco

 

 

 

Cuentos

 

Juan Diego Botto




 



Josep Pla

 

 

 

Superficial

 

 

Francisco de Goya

 

 

 

 

 

Leo Strauss

 

 

III. Sobre La historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides

 

             En su discruso en Esparta, los atenienses van mucho más allá. Afirman que se vieron compelidos a fundar su imperioy a llevarlo a su forma presente en primer lugar a causa del temor, luego por el honor, y por último también por interés. Si ser inducido por el honor o la gloria y en especial por el interés se considera ocmpulsivo, es difícil entender cómo una guerra o la adquisición y el ejercicio del poder tiránico por parte de una ciudad sobre otras puede alguna vez ser injusta. En consecuencia, cuando repiten los tres motivos que obligan a las ciudades a hacerse imperiales, los atenienses alteran el orden y hablan de "honor, temor e interés". Incluso llegan a decir que Atenas sólo respetó lo que siempre estuvo establecido, a saber, que los más fuertes controlan a los más débiles, esto es, que es necesario recurrir al miedo para justificar el imperio; la innovación no reside en los atenienses sino en los espartanos, que ahora de repente recurren al "discurso justo" que hasta ese momento no había impedido a nadie que fuera lo bastante fuerte para engrandecerse a sí mismo.

 (...)

             Las declaraciones de los atenienses en Melos son tan escandalosas porque justifican su imperio y, por lo tanto, en última instancia, sus actos contra Melos sólo por la necesidad natural en virtud de la cual los fuertes -quienesquiera que sean- dominan a los débiles y, por consiguiente, tratan toda consideración a la justicia -como la justicia superior del imperialismo ateniense comparado con el imperialismo de una potencia bárbara- con extremo desdén.

(...)

             Los monumentos son muy visibles o evidentes y no son útiles; un bien no tiene que ser evidente para ser útil. Los monumentos son ambiguos y existen para ser mostrados; un bien útil posee una solidez sin ambigüedades. La diferencia entre los monumentos sempiternos de las cosas malas y las cosas buenas y el bien sempiterno que es útil señala la diferencia entre el universalismo brillante y falso de la ciudad y el universalismo genuino del entendimiento.

         

Bernard Pivot

 

 

Gracias a Isa, por las miguitas. 

 

                 El viejo Hank. Siempre he concebido su alargada fama a pesar de sus poemas prescindibles y, sin embargo, no dejo de acudir a él de nuevo para leer el mundo y sus habitantes hic et nunc o, más precisamente, de un tiempo a esta parte con el que apenas tengo que ver. Él encierra, a mi juicio, todo lo que el posmodernismo, cuya definición se nos escapa, puede dar de sí. Hiperboleo: Le posmodernisme, c'est lui

 

Et voilà:

Apostrophes

 

Leo Strauss

 

 

II. Sobre La República de Platón

 

          Mucho, por no decir todo, parece depender del significado de la ironía socrática. La ironía es un tipo de simulación o falsedad. Artistóteles, en consecuencia, interpreta el hábito de la ironía ante todo como un vicio. Sin embargo, la ironía no es el ocultamiento de acciones malignas o vicios, sino más bien de acciones buenas o virtudes; el hombre irónico, a diferencia del presumido, resta importancia a su valor. Si la ironía es un vicio, se trata de un vicio digno. Si se la utiliza de un modo adecuado, no es un vicio en lo absoluto: el hombre magnánimo -el hombre que se considera a sí mismo digno de grandes cosas, cuando de hecho lo es- es sincero y franco porque está acostumbrado a ubicarse en un plano superior y, sin embargo, es irónico en sus intercambios con el común de la gente. La ironía es entonces el ocultamiento noble del propio valor, de la propia superioridad.

(...)

 

Las artes no son eróticas. No son eróticas porque se ocupan de producir cosas útiles, esto es, bienes particulares, o medios, mientras que eros tiende hacia el bien absoluto y simple, de "la idea del bien". Al igual que el arte, eros tiende a la filosofía como su forma más elevada. Arte y eros, lo más pedrestre y utilitario y lo menos utilitario, convergen de forma evidente en la filosofía. Que la cólera tienda también hacia la filosofía es, por no decir más, algo no tan evidente.

(...)

 

Así el hombre democrático se presenta como el hijo de un padre rico al que sólo le preocupa hacer dinero: el hombre democrático es un zángano, un playboy pródigo, gordo, blando, un lotófago que, tras asignar cierta equivalencia a cosas iguales y desiguales, vive un día entregado por completo a los deseos más bajos y al día siguiente de forma ascética, o que según el ideal de Marx "sale de caza por la mañana, pesca a la tarde, cría ganado a la noche y se dedica a la filosofía después de la cena".

 

Frans de Waal

 

 

       Imagínense una situación en la que uno de los machos adultos realiza una exhibición de fuerza contra uno de sus rivales. Parece que está muy inflado porque tiene el pelo erizado, balancea la parte superior de su cuerpo de lado a lado y tiene una piedra en la mano. Los observadores inexpertos quizá no vean la piedra porque estarán demasiado fascinados por el llamativo aspecto de este alarde de fuerza. Puede incluso que estén tan impresionados que tampoco vean la maniobra que, al tiempo que ocurre todo esto, realiza una de las hembras adultas. Esta hembra se acerca andando tranquilamente hacia el macho que lleva a cabo la exhibición de fuerza, le afloja los dedos de la mano que sujetan la piedra, la coge y se marcha andando con ella. (...) Lo llamamos conducta de confiscamiento.

 

P.d. Album

 

Leo Strauss

 

 

I. Sobre la Política de Aristóteles

 

      Es más urgente señalar que en parte como consecuencia de la noción moderna de "desarrollo", la distinción clásica entre naturaleza y convención, según la cual la naturaleza posee una dignidad mayor que la convención, ha sido recubierta por la distinción moderna entre naturaleza e historia, según la cual la historia (el reino de la libertad y los valores) posee una dignidad mayor que la naturaleza (que carece de propósitos o valores); por no afirmar, como se ha hecho, que la historia incluye a la naturaleza que es esencialmente relativa para la mente esencialmente histórica.


(...)


      Las artes son susceptibles de un refinamiento infinito, por lo tanto progresan, y como tales de ningún modo se ven perturbadas por el progreso. El caso de la ley es distinto, debido a que la ley debe su fuerza, esto es, su poder de obediencia, como dice aquí Aristóteles, por completo a la costumbre, y la costumbre surge sólo después de un largo período de tiempo. La ley, en contraposición a las artes, no debe en nada su eficacia a la razón, o lo hace sólo en muy pequeña medida. Por evidente que resulte lo razonable de un a ley, su razonabilidad se ve oscurecida por las pasiones que refrena. Estas pasiones sustentan máximas u opiniones incompatibles con la ley. Estas opiniones engendradas por la pasión a su vez deben ser contrarrestadas por opiniones opuestas engendradas por la pasión y engendradoras de pasión que no son necesariamente idénticas a las razones de la ley.


(...)


      Los actos del mercado son en sí voluntarios, mientras que el Estado coacciona. No obstante, el carácter voluntario no es una prerrogativa del mercado; ante todo, es la esencia de la virtud genuina, que se distingue de la meramente utilitaria. De aquí se infirió en los tiempos modernos que como la virtud no puede ser producto de la coerción, el fomento de la virtud no puede ser el objetivo del Estado; no porque la virtud carezca de importancia, sino a causa de su carácter elevado y sublime, el Estado debe ser indiferente a la virtud y el vicio como tales, distintos de la transgresión de las leyes del Estado, cuya única función es la protección de la vida, la libertad y la propiedad de cada ciudadano. Observemos al pasar que este razonamiento no presta la suficiente atención a la importancia del hábito o la educación en la adquisición de la virtud. Este razonamiento lleva a la consecuencia de que, o bien la virtud y la religión deben volverse privadas, o bien la sociedad, en tanto distinta del Estado, es menos la esfera de lo privado que de lo voluntario. La sociedad, entonces, comprende no sólo lo subpolítico sino también lo suprapolítico (la moral, el arte, la ciencia). La sociedad entendida de este modo ya no es una sociedad propiamente dicha, ni siquiera una civilización, sino una cultura. Sobre esta base, lo político debe entenderse como derivación de lo cultural: la cultura es la matriz del Estado.

 

Christopher Hitchens

 

 

 — ¿Tiene un deseo de paz mundial?

 — No, tengo un deseo de lucha mundial.

 

 

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Las tortugas también vuelan

 

Lysander Spooner

 

 

 

 

Vicio: Acto mediante el cual una persona se perjudica a sí misma.
Crimen: Acto mediante al cual una persona perjudica a otra.

 

Vices are not crimes

 

 

Pere Gimferrer

 

 

 Monstruo de oro, trazo oscuro
sobre laca de luz nocturna:
dragón de azufre que embadurna
sábanas blancas en puro
fulgor secreto de bengalas.
Ahora, violentamente, el grito
de dos cuerpos en cruz: el rito
del goce quemará las salas
del sentido. Torpor de brillos:
la piel -hangares encendidos-,
por la delicia devastada.
Fuego en los campos amarillos:
en cuerpos mucho tiempo unidos
la claridad grabó una espada.

Miguel de Unamuno

 

 

 

        

 

 

 

 

 

 

 

                       No existiendo ya los dioses y no existiendo todavía Cristo, hubo desde Cicerón a Marco Aurelio, un momento único en que el hombre estuvo solo.

 

Le république des livres

 

R. M. Rilke

 

 

Un fantasma es aún como un lugar
en el que tu mirada topa
[haciendo un sonido;

pero allí, en esa piel negra,
tu más negra mirada se diluye:

como cuando alguien furioso,
[en su mayor
frenesí patalea lo obscuro,
y bruscamente en el oportuno
[acolchado
de una celda termina y se extingue.

Todas las miradas, que nunca le
[alcanzaron,
parece ocultarlas en sí,
para de ese modo, amenazador y
[malhumorado,
desde ellas observar y así, dormir.
Pero por una vez vuelve, como
[despertado,
su cara completamente hacia la
[tuya:
y allí te reencuentras tú con tu
[mirada
en el ámbar de sus redondos ojos:
encerrada
como un insecto extinguido
.

 

 

Saul Bellow

 

 

15 de septiembre de 2002  

           

             Saul Bellow, en El Mundo. Le pregunta una periodista (italiana, del Corriere) si estamos ante la pérdida de la inocencia de Estados Unidos. Esta pregunta sobre la inocencia se hace mucho, en muchas circunstancias. Nunca he sabido exactamente lo que quiere decir. Bellow tampoco debe de saberlo porque contesta de una manera admirable:            

             —Lo dudo. Mientras la tragedia se desarrollaba en directo en la tele, los presentadores seguían interrumpiendo continuamente la narración de los hechos, pidiendo disculpas a los telespectadores por haber anulado la crónica de los partidos. Mucha gente estaba indignada porque se habían suspendido los partidos y no por la brutalidad de lo que estaba pasando. ¿Se da cuenta?  

Horacio

 

 

 Del tiempo que separa a Ínaco de Codro,
que no temió la muerte por su patria,
de eso quieres hablar, y de la estirpe eácida,
y de las guerras bajo Ilión sagrada;

a cuánto compraríamos un buen vino de Quíos
y quién calentaría el agua al fuego;
en la casa de quién, y a qué hora del día
he de quitarme este pelignio frío,

acerca de eso, callas. Vamos, ofrece un brindis,
al novilunio y a la medianoche;
vamos, brinda, muchacho por el augur Murena:
según la voluntad, las copas mezclan

tres o nueve medidas. El vate estupefacto,
que ama a las musas porque son impares,
exigirá tres veces tres medidas; prohibe
ir más allá de tres, temiendo riñas

la Gracia, en compañía de desnudas hermanas.
A mí, me place enloquecer. ¿Por qué
la flauta berecintia detiene su soplido?
¿Y la siringa, por qué cuelga al lado

de la tácita lira? Detesto con pasión
a la mano ahorrativa: esparce rosas
que el envidioso Lyco oiga el furioso estrépito
y que lo escuche esa mujer que tiene

poco apropiada para un viejo como él.
A ti, por tu cabello refulgente,
Télefo, inmaculada estrella de la tarde,
idónea para ti te busca Rhode;

y a mí me abrasa, lento, el amor de Glycera.

 

Virgilio

 

 

 Y entonces se insinúa un nuevo horror
en las trémulas almas de los nuestros
y dicen que Laocoonte, por la ofensa
contra el sagrado roble, por lanzar
el asta criminal contra su flanco,
ha pagado su crimen con justicia.
Reclaman que la estatua sea llevada
dentro de la ciudad y que se ruegue
a la diosa, buscando su favor.
Abrimos una brecha en la muralla
y todos se disponen al trabajo:
van colocando ruedas deslizantes
debajo de las patas de la estatua;
sogas de estopa le atan en el cuello.
La máquina fatídica traspone
nuestros muros, preñada de soldados.
Alrededor, muchachos y doncellas
van entonando cánticos sagrados,
y gozan ayudando con la pértiga.
Ya sube y se desliza, amenazante,
dentro de la ciudad. ¡Oh patria, oh casa
de los dioses de Ilión, dardanios muros
famosos en la guerra! Cuatro veces
tuvo que detenerse ante el umbral
de nuestras mismas puertas; cuatro veces
resonaron las armas en su útero;
y aun así, seguimos adelante,
por el afán cegados, inconscientes,
y el infecundo monstruo colocamos
dentro de la sagrada ciudadela.

 

George Eliot

 

 

             It is astonishing what a different result one gets by changing the metaphor! Once call the brain an intellectual stomach, and one’s ingenious conception of the classics and geometry as ploughs and harrows seems to settle nothing. But then, it is open to someone else to follow great authorities and call the mind a sheet of white paper or a mirror, in which case one’s knowledge of the digestive process becomes quite irrelevant. It was doubtless an ingenious idea to call the camel the ship of the desert, but it would hardly lead one far in training that useful beast. O Aristotle! if you had the advantage of being ‘the freshest modern’ instead of the greatest ancient, would you not have mingled your praise of metaphorical speech as a sign of high intelligence, with a lamentation that intelligence so rarely shows itself in speech without metaphor,—that we can so seldom declare what a thing is, except by saying it is something else?